Por hablar.

viernes, 15 de abril de 2016

El Jardín de las Delicias [Tercera parte: tabla izquierda]



Tabla izquierda: el Paraíso
La escena del Paraíso se localiza, al igual que la tabla central, en un paisaje verde y agreste poblado de fantástica vegetación y de los más diversos animales. Sólo hay tres figuras humanas: Dios, Adán y Eva.



Adán está despierto (esto sólo lo vemos en miniaturas), y Dios le presenta a Eva como su creación. De nuevo, vemos a un Dios representado como un hombre joven: se trata de Jesucristo. Esta representación de Dios es, al igual que la del creador que aparece en los postigos, tradicional y algo anticuada para la época. Tras ellos, aparece una especie de cactus que podría ser el árbol de la vida. En un plano aún más posterior encontramos la palmera con la serpiente enroscada: el árbol del bien y del mal.

Esta parte del tríptico mirada rápidamente parece la sosegada escena de la creación, tan frecuentemente referida a lo largo de la historia. El paisaje desciende suavemente, por medio de accidentes geográficos (estanques, montes) de ritmo circular, hasta la base de la composición, que son Adán, Eva y Dios.

Sin embargo, este aparente sosiego se trunca en cuanto observamos con un poco de detenimiento la obra. El cuadro está plagado de elementos extraños, algunos de ellos alquímicos (Combe): el dragón de tres cabezas que emerge del estanque, la fuente de la vida que se sitúa en el centro de la composición (se trata de un extraño monumento poblado a su vez de símbolos: una media luna en su cénit, un ojo con una lechuza acurrucada en su base, que sería para Fraegner el antiguo pájaro de la sabiduría), múltiples animales que se devoran entre sí, se atacan y pelean, centenares de pájaros que sobrevuelan la extraña formación montañosa del plano posterior, y muchos otros.


Las disputas entre los animales rompen así la supuesta calma del paraíso: quizás sea un aviso del incipiente pecado. Hay quien dice que la extraña fuente central es un símbolo fálico que preconiza el pecado carnal de la tabla central del tríptico. También los hay que ven en la roca de la que surge el árbol de la ciencia (margen derecho, a media altura), el rostro oculto del diablo.



Aparecen animales reales, pero exóticos para la época del pintor: jirafas, elefantes, osos, pavos reales; sólo pudo tener referencia de los mismos por medio de los bestiarios medievales y de las ilustraciones que comenzaban a circular provenientes de Egipto.

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