Por hablar.

viernes, 15 de abril de 2016

El Jardín de las Delicias [Segunda parte: análisis general y postigos]




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Ahora sí, analicemos el cuadro. Se trata de un tríptico de dimensiones majestuosas, de más de dos metros de alto y casi cuatro metros de largo (contando todos los postigos). Como casi todos los cuadros del Bosco, carece de datación unánime entre los estudiosos: la fecha más temprana que se le atribuye es 1485, y la más tardía, 1515. Está pintado directamente sobre tabla; el análisis de la madera la data entre 1460 y 1466. En síntesis, la obra se puede datar más allá del año 1500.

La interpretación más extendida es la moralístico - didáctica: los postigos del tríptico aluden a la creación del mundo. Al abrirlo, se cierra a su vez: representa el principio y el fin de la condición humana, siendo el principio la tabla izquierda en la que vemos el paraíso y la creación de Eva (raíz de todos los males del mundo), y el fin la tabla derecha, en la que aparece el infierno, intercedida por la gran tabla central en la que el pintor nos muestra los pecados carnales: el proceso que lleva a la caída al infierno. Sin embargo, existe una cierta satisfacción o recreación en los pecados que se representan, que se puede ver en la continua reiteración de motivos y figuras, así como en la gama de colores vivos y brillantes que utiliza. La sensación que da la tabla central no es tanto de amenaza de castigo hacia el pecador, sino que el pintor parece querer presentarnos una escena agradable, apacible, con una peculiar fascinación por los vicios que ataca. Quizás con pretensión de entretener o deleitar al espectador.

Así, la mayoría de estudiosos interpretan el tríptico como una sátira moralizante sobre el destino de la naturaleza humana. Que cada cual juzgue por sí mismo si la función didáctica le parece suficiente interpretación y si los centenares de figuras, escenas y símbolos que vemos en la obra caben en este marco.

Postigos (tríptico cerrado): la creación del mundo




Se representa un globo terráqueo con la tierra dentro de una esfera transparente. No aparecen formas animales ni vegetales, sólo minerales, en tonos blancos y negros. Esta figura alude al tercer día del Génesis, la creación del mundo. Las nubes de lluvia se acumulan encima del mundo, y este mundo yace sobre agua.

La esfera transparente podría simbolizar la fragilidad del universo, mientras que el carácter desértico de la Tierra y su monocromía buscarían contrastar con el mundo floreciente de vida y poblado por multitud de seres que aparece al abrir el tríptico: el mundo antes y después de la aparición del Sol y la Luna y de la llegada del hombre. Si ampliamos la imagen, en la esquina superior izquierda aparece una pequeña imagen de Dios y una inscripción tomada del salmo 33: IPSE DIXIT ET FACTA S(U)NT / IPSE MAN(N)DAVIT ET CREATA S(U)NT: "Él lo dijo, y todo fue hecho. Él lo mandó, y todo fue creado".


Aproximadamente por la misma época, Miguel Ángel pintaba en los frescos de la Capilla Sixtina a un Dios sobrehumano que daba forma al caos primordial con sus propias manos. Sin embargo, el Bosco opta por una representación más tradicional: Dios creando por medio de su verbo. En la tabla izquierda del tríptico volverá a optar por lo mismo.

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