Por hablar.

martes, 27 de noviembre de 2012

Frío

Pasando frío se nos va la vida, saliendo a la calle tiritando, creyendo que por lo menos, por lo menos estamos a 0º y mirando con desdén a ese termómetro callejero que marca diez, que nos desmiente y nos deja por locos. Pasando frío, a golpe de estufa y gastando luz. Pasando frío, paradójicamente nos despertamos sudando y no sabemos qué hacer, y salimos a la calle y las intempestivas 7 de la mañana nos arrancan el calor de la ropa limpia, y hasta de los huesos y hasta del mismo alma. Pasando frío se nos va la vida, sin ganas de salir a la calle cuando hemos conseguido caldearla, pero el calor siempre se va por las ventanas por muy cerradas que estén. Ese frío que nos arranca el calor de los huesos a golpes, que nos abofetea las mejillas cetrinas y rígidas, que nos congela todos los apéndices extremadamente inútiles que encuentra. Ese frío que nos arranca los dedos, que nos odia, que nos sopla en los oídos, que nos quita la vida y nos aleja la muerte y lo deja todo como en pausa.

martes, 20 de noviembre de 2012

Donde hubo fuego sólo quedan quemaduras;
las cenizas se las lleva el viento. 

Como despertar por la mañana y haber perdido un pendiente entre las sábanas. O como el que se arranca una uña y sigue tirando, aunque duela y aunque sangre. Como una Marilyn en su propio entierro; descolocada, confusa, con media boca sonriente y la otra media mal pintada. O como un Fred Astaire octogenario, diabético, incapaz de dar dos pasos sobre sus tobillos artríticos a punto de desmoronarse. Como sentarse en el rincón más oscuro del bar y preguntarse qué coño estará bebiendo la chica de la barra. O cuál es el veneno que le gotea en la copa. 

O por qué seguir buscando el pendiente entre las sábanas.