Por hablar.

lunes, 15 de agosto de 2011

Explosión

Mañana me voy; si algo tenía que hacer, lo tengo que hacer hoy.




Había empezado a escribir una entrada deprimente y emo - adolescente.
La he borrado.

Sólo voy a decir que me voy a un viaje que no sé lo que me deparará. Mañana me calzo las botas, me echo la mochila a la espalda y me voy.
Espero que, a la vuelta, sigas aquí. Yo voy a extrañarte como al aire.



Hasta dentro de poco :)

sábado, 13 de agosto de 2011

... y mi piel temblará bajo tus manos hasta que vuelva.
Y sigo sonriendo cuando pienso cómo me alisas las esquinas a base de besos.





Mi casa está donde estás tú;

Los mismos ojos, la misma luz.

Mi casa está donde estás tú;

los mismos clavos, la misma cruz;

los mismos clavos, el mismo ataúd.








jueves, 11 de agosto de 2011

La luna me sabe a poco...

Decía que tenía el corazón alicatao hasta el techo,
Que a ver si no podía hacerle yo una cenefa a besos
pa llenar de porvenir los bolsillos del mandil
y colgar un recuerdo de cada azulejo,

y es que ná le da más asco que aguantar como un peñasco
a que pase el invierno,
que le diga que ya nos veremos,
que ha vivido en un silbido
orgullosa de haber sido una yegua sin freno,
desgastada de andar por el suelo,

le dije que a la noche por los poros me salían mares,
soñando que me hablaba y me agarraba a sus cuerdas vocales,
que no hay quien pueda dormir escuchando mi latir,
que parece que está masticando cristales,

tengo un gato en las entrañas, un tembleque en las pestañas
y muy poco tiempo,
si me dice que ya nos veremos,
voy rompiendo las persianas pa dejar por mi ventana
el camino abierto,

si se cansa de andar por el suelo,

pondremos el mantel, tu quédate a mi lado,
a comernos al amanecer lo que quieran las manos,
y de postre un sol maldito que termine de volverme loco,
que ya sabes que la luna a mí siempre me sabe a poco.



miércoles, 10 de agosto de 2011

Palabras


Cada mañana, ella se levantaba muy temprano. Madrugaba desde siempre, no sabía si por costumbre o por deseo de aprovechar el tiempo. El caso es que se levantaba temprano e iba a la cocina. Preparaba el café y lo dejaba listo, caliente, sobre la hornilla. Sacaba el pan del congelador y lo dejaba, soltando volutas de vapor, sobre la encimera. Dejaba preparado en la nevera un platito pequeño, con tres o cuatro trocitos de queso y unos dados de jamón serrano, para las tostadas. Metía la leche a enfriar y dejaba un par de azucarillos junto a la cafetera. Lo último que hacía antes de irse a trabajar era coger la taza de él del armario. La sacaba, quitaba el post-it amarillo del día anterior, en el que se podía leer: "Te quiero", y colocaba uno nuevo, exactamente igual, en el que escribía de nuevo: "Te quiero".


Las palabras se olvidan deprisa. Los actos son los que quedan para el recuerdo, sí, pero es posible hacer que las palabras calen hondo. Lucharé. Por nosotros.











domingo, 7 de agosto de 2011

Espera a que cambie el viento

Cambiar un: yo, mí, me, conmigo
por un: tú, ti, te, contigo.

Pasar del frío en el vestido
a sonreír a tu abrigo.

De comprar cena para uno
a darte mi medio mundo.

De vagar entre rotos en la ropa
a compartirnos la copa.

Cambiar los cuerpos descosidos
por querernos desvestidos.

Pasar del odiar lo vivido
a vivirnos con descuido.


¡Qué alegría vivir, sintiéndose vivido!






Gracias. :)

jueves, 4 de agosto de 2011

Mirando hacia atrás, mirando hacia delante

Hace un par de años (el 28 de enero del 2009), no recuerdo exactamente motivada por qué, escribí un pequeño texto en el blog que tenía por aquel entonces, el Cuaderno de Bitácora. Es éste:

Volverás.
Volverás una tarde. Lo sé. Casi puedo verte llegar con las manos en los bolsillos, la frente marchita y los ojos cansados y delatores. Volverás, con el pelo canoso, y otra vez querrás que te perdone y que nos vayamos juntos de vacaciones. Volverás a mí cuando ya no te quede nada, pero ya no estará mi fe ciega en tí ni mi inocencia. De mí, no quedará nada; al menos nada de lo que viste. Habré escrito un libro, me habré casado, tendré dos hijos redonditos y educados, seré médico y tendré ropa buena y elegante, y seré feliz. Y lo que más te dolerá será lo más evidente: habré sobrevivido a tu ausencia, a esto que ahora no me veo capaz de sobrepasar, habré sobrevivido a tus años de silencio, a tu falta. Habré sobrevivido a esta trampa que me has tendido, y rimaré mejor que ahora, y habré crecido, y hablaré mejor que ahora, y escucharé mejor que ahora, y seré mejor que ahora, pero tú seguirás atado dentro de tu gran mentira y, cuando te des cuenta, ya no podrás salir.

Pero tú nunca te has preocupado de entender mi verdad, entonces ¿porqué debería preocuparme yo de escuchar tu mentira?

A tí, a tus mentiras, a los años de silencio, a las discusiones, a este juego de escondernos el uno del otro, a los reproches, a tus intentos de cambiar la historia, a ser utilizada por tí y tu mundo paralelo... a todo eso sólo le digo una palabra:

Adiós.






Hoy, las cosas han cambiado. Estas líneas de arriba fueron un medio para conseguir un fin: un intento de olvidar, de pasar página, de quemar los recuerdos. Hoy, las cosas son distintas. No necesito escribir unos párrafos cabreados y llenos de desesperanza para intentar dejar de llorar y que las heridas dejaran de escocerme. Lo he conseguido yo sola, a fuerza de sacudir la cabeza y andar hacia delante.

No queda rencor, no queda odio, no queda soledad, no queda añoranza. Sólo una distancia de millones de kilómetros, un precipicio insalvable, un vacío, un agujero negro, un abismo cuyos bordes no volverán a juntarse. Indiferencia.

Tranquilidad. Paz.

Hoy sí puedo decirlo con la boca bien abierta, y decirlo no implica pataleos ni escenas dramáticas: Adiós.