Por hablar.

domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Por qué?

He encontrado la respuesta. 

Por fin, he averiguado por qué lo hacemos. Por qué sacrificamos los años de bachiller, seis de carrera y 4 o 5 más de especialidad, y a veces toda la vida, por esta amante / novia / mujer / suegra / demonio llamada medicina. 

Algunos se dicen que lo hacen por curiosidad, porque les gusta aprender, porque es estiloso. Otros dicen que no saben por qué lo hacen, y otros, que lo hacen obligados. Luego están los que no se sacrifican en absoluto, pero esos poco me importan.

Además de descubrir la respuesta a por qué lo hacemos, a por qué dejamos de ir a tantas fiestas, quedadas, viajes, por qué dejamos de lado a veces los hobbys, las parejas o lo que "se supone que deberíamos estar haciendo por ser jóvenes"; he descubierto que un estudiante de quinto puede ser algo más que un estorbo; he descubierto que puede ser (sin dejar de ser el escalón más bajo de la cadena evolutiva que une el estudiante de primero con el jefe de servicio del hospital) uno de los que más tiempo pasa con el paciente, el que llega a la habitación cargado de preguntas y sale cargado de respuestas (y aún más preguntas que cuando entró). El estudiante puede ser el que, aún teniendo poca idea de lo que esta haciendo, dé al paciente la sensación de estar bien cuidado y de tener todo un equipo de profesionales tras él; ese equipo que siempre está ahí trabajando sin parar, pero se olvida muchas veces de ir a decirle al paciente en qué anda liado. El estudiante quizás no pueda dar un diagnóstico, pero puede llevar y traer respuestas, y sobre todo, que no se olvide, lo reconfortante que es para un paciente ser reexaminado todos los días durante media hora, aunque sólo sea para anotar en su historia: paciente estable, nada que señalar.

De verdad, he descubierto por qué lo hacemos. Damos la vida por esta carrera, no por el dinero, la fama ni la sensualidad de la bata blanca; trabajamos tantos años para ese momento, esa primera vez en la que, ya habiendo terminado de examinar a "tu" paciente (qué bien suena), despidiéndote de él y dándole la mano, diciéndole que estamos ahí si necesita algo y agradeciéndole su amabilidad, el paciente te mire, te sonría y te conteste:

"Gracias a tí"