Por hablar.

viernes, 15 de abril de 2016

El Jardín de las Delicias [Primera parte: introducción]

Voy a embarcarme en una tarea titánica: tratar de analizar, con muchas imágenes y todo el misticismo que me permita el tema, el fantástico cuadro de Hieronymus Van Aken (El Bosco): El Jardín de las Delicias. Voy a subir varias entradas, en pos de aligerar el asunto, y todas las fuentes las incluiré en la última entrada.

Leyendo sobre la vida y la obra de este pintor, es difícil no dejarse llevar por sus múltiples pinturas enigmáticas, sus estudios de monstruos, el misterio que rodea su vida... Sería inabarcable en una sola entrada hablar de su vida y obra y, además, detenerse en un análisis pormenorizado del tríptico del Jardín de las Delicias. Así que, por más que me cueste, voy al grano.

No puedo saltar al cuadro, eso sí, sin introducir someramente cuando, como y por qué pintaba el Bosco como pintaba. Comenzaremos por decir que fue un pintor medieval, que nació alrededor del 1450 y vivió hasta 1516. Provenía de una familia del gremio de pintores, y poco más se sabe de su vida. No dejó diarios ni cartas; lo que sabemos de su vida se recoge de las breves referencias que aparecen en los archivos municipales de Hertogenbosch (su cuidad natal, en Holanda) y en los libros de cuentas de la Hermandad de Nuestra Señora. Sabemos, como ya he dicho, que era hijo y nieto de pintores, y que mantuvo una estrecha relación con el mundo religioso durante toda su vida: trabajaba produciendo vidrieras, crucifijos, dorando y policromando efigies de madera que se llevaban en las procesiones... todo ello para la mencionada Hermandad de Nuestra Señora. Además, no existen evidencias de que abandonara su pueblo natal; aunque se cree que pudo hacer algunos viajes, a Utrech o al norte de Italia. Falleció en 1516; sólo conocemos este dato por una anotación en el libro de cuentas de la mencionada Hermandad en el que se decía que se había celebrado una misa de difuntos en memoria del pintor.

Retrato del pintor, alrededor de 1550
Atribuido a Jacques le Boucq

El Bosco nació y creció como un pintor humilde, fue aprendiz de sus tíos y toda su vida se dedicó a la pintura religiosa. Entonces, ¿por qué sus pinturas son tan diferentes de las de los maestros neerlandeses contemporáneos a él? Van der Weyden, por ejemplo, con el descendimiento de la cruz, o Campin, con los desposorios de la Virgen:

Robert Campin: los desposorios de la Virgen

Van der Weyden: el descendimiento de la cruz

Para explicar esta llamativa diferencia se han propuesto muchas tesis, a cada cual más audaz. Antiguamente estaba muy difundida la idea de que el Bosco no era más que un inventor de monstruos y quimeras, un productor de fantasías grotescas. Se decía y se creía que sus escenas diabólicas tenían la intención de divertir. Sin embargo, recientemente se ha venido a decir que el arte del Bosco tiene un significado mucho más profundo: desde que se trataba de un surrealista del siglo XV que tomaba sus formas del inconsciente hasta que sus pinturas reflejaban las prácticas esotéricas de la Edad Media. Las tesis de Fraenger son, quizás, las más atrevidas. La obra de Fraenger tuvo gran influencia por ser la primera que miraba la obra del Bosco desde el punto de vista del esoterismo y el ocultismo.

- "Según él, el Bosco era miembro de la Hermandad del Espíritu Libre, un grupo herético que floreció por toda Europa tras su aparición en el siglo XIII. Existe escasa información sobre esta secta, pero se supone que practicaba la promiscuidad sexual como parte de sus ritos religiosos, a través de los cuales intentaba lograr el estado de inocencia del que gozaba Adán antes de la Caída; por eso, se los llama también los Adamitas. Fraenger supone que el Jardín de las Delicias fue pintado para un grupo de Adamitas, y que la descarada escena erótica de la tabla central no representa una condena a la sensualidad desenfrenada, como se cree literalmente, sino las prácticas sexuales de la secta. " [tomado textualmente de Walter Bosing]

Por más morbosa y atrayente que pueda resultar esta explicación, la mayoría de expertos se oponen a ella, ya que la última referencia al grupo de los Adamitas en Países Bajos data de 1411. Difícilmente podrían haber sobrevivido hasta el siglo XVI (aunque hasta el siglo XVII quedaron reductos en Inglaterra), y además no existe ningún indicio que vincule al Bosco con este grupo. En cualquier caso, esta tesis ha gozado de buena acogida en la prensa y en las revistas, probablemente debido a su carácter novedoso y escandaloso, y a que cuadra con las ideas modernas sobre el amor libre y la sexualidad como valores positivos. Otros autores defienden que el Bosco era un alquimista, o que pintaba bajo el efecto de drogas alucinógenas.

Sin embargo, los historiadores del arte parecen descartar las teorías de Fraenger. Como ya he dicho, el Bosco nació y creció en un ambiente de ortodoxia religiosa, y a lo largo de su vida pintó para miembros de la alta jerarquía eclesiástica. De hecho, el propio Felipe II de España adquirió una serie de obras del Bosco, entre ellas el Jardín de las Delicias. Todo esto a partir de la mitad del siglo XVI, en plena Reforma, en una Europa en la que había resurgido la Inquisición y en la que existía una particular sensibilidad hacia el dogma religioso.

Sobre la relación del Bosco con el Adamismo hay escritos ríos de tinta, y no termino de tener claro si es una relación posible o mera fabulación. No existen indicios ciertos de ella, al igual que no existen indicios del año en el que el pintor nació, pero tampoco me parece descabellado establecer esta conexión. Basta un vistazo rápido al tríptico del Jardín de las Delicias para darse cuenta de que se trata de un cuadro anómalo, extrañao para su época.

Sea cual sea la realidad (que nunca sabremos), sí que existe una creencia popular que creo que se debe desmontar: la tendencia a interpretar las imágenes del Bosco en términos de surrealismo o de la psicología de Freud es absolutamente anacrónica, y obedece a la inclinación que demasiado a menudo tenemos los occidentales de tratar de mirar toda la historia a través del cristal de nuestra propia época. De nuevo cito a Walter Bosing:

- "Demasiado a menudo olvidamos que el Bosco nunca leyó a Freud y que el psicoanálisis moderno hubiera sido incomprensible para el pensamiento del medioevo. [...] La psicología moderna puede explicar el interés que despiertan en nosotros las pinturas del Bosco, pero no puede explicar el significado que tenían para el Bosco y sus coetáneos. De igual manera, es difícil que el psicoanálisis moderno nos ayude a entender los procesos mentales mediante los cuales el Bosco desarrolló sus enigmáticas formas. El Bosco no pretendía evocar el inconsciente del espectador, sino transmitirle ciertas verdades morales y espirituales y, por ello, sus imágenes tenían en general un significado preciso y premeditado. [...] Frecuentemente, eran traducciones visuales de juegos de palabras y metáforas. [...] Si examinamos el Jardín de las Delicias y sus demás cuadros, dentro del marco de la cultura contemporánea, descubriremos que el arte del Bosco reflejaba [...] las esperanzas y los temores de una Edad Media que se aproximaba a su fin."


Ver también... 






No hay comentarios:

Publicar un comentario