Por el mero placer de hacerlo

viernes, 6 de julio de 2012

Desconfianza

La gente en general sabe poco de todo y mucho de un poquito. Y, a veces, ni eso. Vivimos en la época del engaño, de la estafa, del robo bajo cuerda y, si puede ser, sin que te des cuenta. ¿Qué consigue esto? que la gente de a pie se vuelva desconfiada, huraña y precavida en exceso, aunque puede ocurrir al revés; para ser un estafador de calidad en los días que corren sólo hacen falta dos cosas: tratar con personas ignorantes y tener carisma. Además, hay un requisito opcional: que el estafado esté desengañado, decepcionado o necesite un apoyo.

Bien, ¿ a qué viene todo esto ? Viene a un caso que he visto en la tele esta mañana, que me ha parecido bastante terrible y penoso: la noticia es que un presunto chamán ha quedado en libertad tras ser acusado de abusos sexuales a varias mujeres en su consulta. Dejando de lado el absurdo judicial de absolver a un violador en potencia con la justificación de que las víctimas eran adultas y con plena capacidad de decisión, lo que más me ha llamado la atención es la existencia de este presunto chamán. Estoy segura de que hay muchos más casos; quizás sea pura sugestión, pero yo tengo la sensación de que cada vez veo más carteles de curanderos, chamanes y otros mentirosos por la calle. 

¿Qué está ocurriendo en el sistema sanitario para que la gente confíe en estas engañifas, me pregunto? Un médico debe ser un profesional bien formado, amable y cercano, que ponga todo su conocimiento (que no es poco) al servicio del paciente; si la atención sanitaria primaria es de buena calidad, si el paciente se siente atendido y siente que hay preocupación hacia su caso, no requiere a mentiras diversas para buscar una mejora de su salud. Eso me lleva a un razonamiento inevitable. 

El paciente llega a la consulta de atención primaria y se siente una oveja; él ha pedido una cita a la hora XX:XX y se le atiende a la hora XX:XX +2, como si no importara su dolor, sus náuseas o su preocupación (hay que decir que esto no es totalmente culpa del médico, sino más de la absurdamente estipulada duración de 5 minutos por consulta). Los médicos son seres humanos: ¿qué se puede hacer en 5 minutos con un paciente? En las facultades de medicina, desde el principio de la carrera prácticamente, se enseña la entrevista clínica con un paciente como un proceso con diversos pasos que no deben alternarse ni desordenarse y deben sucederse los unos a los otros, sin excepción. Para una entrevista clínica exitosa se necesita aproximadamente media hora, y más de una hora si se incluye la exploración clínica. 

Como este absurdo habla por sí mismo, es necesario también hablar del papel del médico (ojo, no quiero generalizar, pero todos sabemos que los médicos a los que voy a destripar existen. El médico con vocación, entregado y amable es la mayoría y el que más abunda). El médico de este perfil, normalmente mayor o de mediana edad, y normalmente del sexo masculino (no por nada, sino porque los médicos de mediana edad o más son casi todos hombres), estudió medicina por herencia o por prestigio social. Lo importante no es por qué se estudia medicina, sino que entre esas razones no se encuentre la vocación o el deseo de ayudar; si hay alguna profesión en la que se trabaje de cara y en contacto con el público es la medicina. Debo dejar claro que se puede ser un buen médico sin tener vocación o sin deseo de ayudar a las personas, pero para esto es necesario ser humilde y eso sí que es difícil de encontrar. Por eso, como el saber que se adquiere durante la carrera y la percepción de que se puede curar a una persona suelen hacer que el médico se sienta bastante omnipotente, si esa omnipotencia no se canaliza con el altruismo, rebota y termina por impactar en el médico, inflándolo y convirtiéndolo en una caricatura de sí mismo. Toda esta plétora de adjetivos viene sólo a describir a ese tipo de médico que antepone su propio orgullo al bienestar del paciente; esto provoca en el enfermo una sensación de desamparo y soledad que no debería producirse nunca. 

Las consultas de atención primaria son el primer nivel de contacto del enfermo con el sistema sanitario; sin embargo, estúpidamente, el médico de atención primaria tiene poder para un número muy reducido de cosas a nivel inmediato (al paciente le duele, y quiere que deje de dolerle ya); su trabajo se divide, principalmente, entre el tratamiento farmacológico (sintomático, casi siempre), la petición de pruebas diagnósticas y la derivación a especialistas. 

Y aquí entramos en la boca del lobo. Los especialistas. Otro día hablaré del absurdo nivel de especialización  que está alcanzando la medicina (Doctor, me duele un huevo - ¿Cuál de ellos, el izquierdo o el derecho? - No me diga que está especializado en uno de los dos... ); sin embargo, lo que más me interesa hoy es principalmente el tema administrativo: las listas de espera interminables. ¿Qué imagen da un sistema sanitario que no puede atender a un paciente en un plazo menor a tres meses? Supone una pérdida de tiempo enorme, porque muchos pacientes ven solucionado su proceso patológico antes de que les llegue la cita o directamente no van. 

Bien, con todo y con esto, ¿ a dónde quiero llegar ? El paciente puede encontrarse en la peor de las situaciones: un médico orgulloso y desconsiderado, múltiples consultas de atención primaria totalmente infructuosas (ya sea por el desinterés del médico, por la falta de tiempo, o por cualquier razón) y una cita para un especialista en el año 2098. Esto puede llevar a varios sitios, considerando la enfermedad del paciente: a que éste continúe y continúe insistiendo, usando una ingente cantidad de recursos sanitarios y agotándose; a que se canse de insistir y su enfermedad se cronifique sencillamente por desatención; o a que recurra a otros medios. 

En las facultades de medicina se enseña someramente acerca de este tema; en segundo hay una asignatura muy bonita, la historia de la medicina, que lleva uno o dos temas acerca de medicinas alternativas. Dentro de estas medicinas alternativas, que tienen una base fisiológica más o menos válida, y procesos terapéuticos que, hasta cierto punto, son efectivos (a veces no por actuar sobre el sustrato de la enfermedad sino por efecto placebo), entran la quiropráctica, la osteopatía y la homeopatía, entre otras. Estas tres, en particular, son pseudociencias que se basan en la manipulación de las vértebras, los huesos y tejidos blandos, las dos primeras, o en la administración de fracciones extremadamente pequeñas de sustancias con el objetivo de curar con ellas, la tercera. No quiero hablar de estas pseudo-ciencias, que al fin y al cabo están consideradas una parte subordinada de la medicina y tienen su fundamento hasta cierto punto. 

De esos "otros medios", los que me interesan son los chamanes, los sanadores, curanderos y otras engañifas.    Según he podido leer por internet, tratando de superar mi consternación por la cantidad de absurdos, los chamanes son hombres introducidos en el chamanismo por un acontecimiento importante en su vida (como un sueño o una tormenta... en fin) que se dedican a muchas cosas, desde encontrar su energía psíquica, adquirir poderes o sanar. En el artículo que cito abajo, se dice que el instrumento de estos chamanes son las "plantas sagradas y productoras de visiones", a.k.a. drogas alucinógenas, así como cantos,  bailes y ritos. Todo muy científico, vaya. Los sanadores o curanderos se basan en el poder de la fe como potencia sanadora, basándose en que la enfermedad se basa únicamente en desequilibrios de nuestro campo electromagnético vital (¿cáncer cerebral? no, magnetismo jodido). En general, se basan en conceptos tan científicos y creíbles como el chakra, mundos paralelos, energía sexual, energía mística, meditación...

Como las bases teóricas de estas corrientes se retratan a sí mismas, no es necesaria más crítica. Lo que me pregunto es: ¿qué está haciendo mal la sanidad pública para que los pacientes confíen en estas personas? Hay que plantearse que es una conjunción de mala atención sanitaria, como ya he descrito antes, e ignorancia. Pero, ¿hasta qué nivel puede llegar la ignorancia de una persona capaz de creer ciertas este tipo de prácticas? Puedo estar pecando de excesivamente cuadriculada; me enorgullezco de ello. Comprendo la fe y las creencias religiosas en general, lo que no puedo comprender es que alguien ponga su salud en manos de alguien que dice controlar la energía mística del cosmos y necesitar la energía sexual de su paciente para sanar su cáncer cerebral. Me pregunto cómo de desesperado tiene que estar un paciente, cómo de desatendido se tiene que sentir (además de ser un ignorante) para poner en las manos de un estafador así algo tan importante y propio como su salud y su propio cuerpo. 




FUENTES: 

1 comentario:

  1. Me suelen hacer gracia las "energías" de todos estos procesos. Para darle un carácter semi-científico, nos venden todas estas patrañas como canalizaciones de "energía", de cualquier tipo (total, como no existe, el nombre da lo mismo) y así parece que estás haciendo algo con base real.

    La "energía" de esta gente no son más que los espíritus de las religiones animistas-chamanistas, pero con más cara dura.

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