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domingo, 25 de septiembre de 2011

Jugando con el tiempo

Si pudiera hablar con mis hijos o mis nietos ahora mismo, les diría muchas cosas. Desde mi hipotética experiencia dada por mi hipotética edad, les diría que la vida es larga y deben estar tranquilos, que todos los problemas tienen solución y que nada es inamovible, nada es inevitable, nada es irremediable, nada es insalvable, nada es in-, en resumen. Les diría que estudiasen mucho y con ganas, que leyesen a Antonio Machado, a Tolkien, a Stephen King, a Nabokov. Que leyeran todo lo que les cayese en las manos, que es la única forma de llegar a ser una persona más o menos íntegra. Les diría que fuesen educados con sus mayores, que fuesen buenos con sus hermanos pequeños y que no fuesen crueles con sus compañeros de clase.

Les diría que no llorasen por los amores de adolescencia, que es una época en la que la soledad les hará sentir muertos por dentro y el amor hará que les hiervan las entrañas hasta niveles que creerán que no pueden soportar. Les diría que, a esos amores de adolescencia, no los quisiesen demasiado ni les llorasen, no, que luego terminarán olvidándolos y quedarán como un bonito recuerdo y no como una herida sangrante e infectada. Les insistiría mucho en esto último: les olvidarán, y todo parecerá menos grave, menos urgente, menos doloroso.

Sin embargo, si les dijese todas estas cosas, ¿estaría haciéndoles bien? Nadie escarmienta en cabeza ajena, y no puedo pedirle a una muchacha de dieciocho añitos que se despida de su novio con un beso en la mejilla y un "hasta luego". No. Que llore con nerviosismo, uno de esos llantos que termina por provocar hipo. Que se abrace a él, que le toque, que le huela, que sienta esos últimos momentos a su lado como los últimos segundos de su existencia (aunque no lo sean). Que le agarre las manos con fuerza, que las apriete, que se despida y luego vuelva corriendo a por un último beso. Y, una vez establecida la distancia, que se sienta tan sola como una estrella en el espacio, falta de aire, enfadada, rabiosa con el mundo, demasiado llena de cariño hacia él y demasiado vacía de cualquier otra cosa, demasiado vacía de su compañía. Que se quede sin manos para darle caricias, que se quede sin piel para tomar contacto con la suya, que se quede sin aliento para gritar cuando hagan el amor.

No es lo más sano, no es lo más fácil, eso está claro. Amar así te destroza, te hace sufrir, te destruye. Pero, ¿no es eso amar? ¿depender del otro? ¿necesitarle? ¿sufrirle?. Siendo sincera, les diría a mis hijos y a mis nietos que sí llorasen a esos amores de juventud, que se dejasen sentir destrozados, deprimidos y solos, y otras veces tan llenos de alegría que serían capaces de gritar y contárselo a todo el mundo, hasta de poner un anuncio en el jodido New York Times, con el corazón en un puño cálido y reconfortante, con la cabeza llena de su amado, llena de pájaros, de besos, de olores, con el cuerpo a punto de explotar por los cuatro costados. Llenos de vida. Que no se aganten las lágrimas, aunque crean que van a cortarles las mejillas como cuchillos, ya sean lágrimas de desolación o de alegría.

¿Y por qué? Porque es la única manera de llegar a conocerse, de crecer y madurar, de encontrar sus límites. Y, qué coño, porque así es la vida: jodida y ambigüa, dando una de cal y otra de arena. La vida es corta: hay que amar intensamente, besar despacio, reír bien fuerte y perdonar deprisa. La vida es demasiado bonita como para estar siempre cabreado, y se hace más vida si está uno enamorado.

4 comentarios:

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  2. Me ha hecho llorar, y aunque soy de lágrima fácil estas dos lágrimas fáciles iban cargadas de sentimientos.

    Estoy totalmente de acuerdo, una vez más es como si hubieras hecho una intervención quirúrgica dentro de mi mente y le hubieras dado armonía.

    A disfrutar del amor se ha dicho.

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  3. Muy buena entrada, con la que estoy bastante de acuerdo.

    Soy de la opinión de que el sufrimiento te hace crecer como persona, madurar, y valorar lo bueno de la vida mucho más que viviendo en una nube de algodón, feliz y sin problemas; y el amor no es una excepción.

    Es triste, pero los seres humanos sólo aprendemos a base de palos... lo importante es que esas lecciones nunca se nos olviden, es parte del aprendizaje para ser una persona integra ;)

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