Hay una especie de palpitar rojizo en el aire,
un no se qué
que entra por la ventana de mi cuarto al anochecer, pero sólo cuando estás tú.
Un aire rítmico, una tela suave que nos acaricia
y nos une
todavía más.
Hay un, no sé, un alma,
un estado de la materia:
sólido, líquido, gas, plasma, y estar contigo.
Hay un pentagrama,
un cuaderno nuevo,
un bote de tinta sin empezar,
un lápiz de color verde aún sin estrenar.
Hay un imán gigantesco
entre tus costillas y las mías;
una necesidad.
Hay un bol de cristal
que has venido y llenado de naranjas.
Tener dos sofás vuelve a tener sentido,
y lavar tu ropa en mi casa,
y empapar de tu sudor la ropa de cama.
Qué es esto que hay, no lo sé
pero está en tu ojo derecho
y tu mejilla que lo eleva cuando sonríes.
Está en los diecisiete lunares de tu espalda,
en tu pelo insaciable.
Está en tu abrazo profundo y en tus dedos rápidos,
en tus largos fémures.
It's in the water, baby.
Poesía, literatura, pintura, viajes, historia del arte, medicina, política... Un poco de todo y un poco de nada.
sábado, 28 de abril de 2018
Fleurs du mal - La destruction
Sans cesse à mes côtés s'agite le Démon;
Il nage autour de moi comme un air impalpable;
Je l'avale et le sens qui brûle mon poumon
Et l'emplit d'un désir éternel et coupable.
Parfois il prend, sachant mon gran amour de l'Art,
La forme de la plus séduisante des femmes,
Et, sous de spécieux prétextes de cafard,
Accoutume ma lèvre à des philtres infâmes.
Il me conduit ainsi, loin du regard de Dieu,
Haletant et brisé de fatigue, au milieu
Des plaines de l'Ennui, profonds et désertes,
Et jettte dans mes yeux pleins de confusion
Des vêtements souillés, des blessures ouvertes,
Et l'appareil sanglant de la Destruction!
Il nage autour de moi comme un air impalpable;
Je l'avale et le sens qui brûle mon poumon
Et l'emplit d'un désir éternel et coupable.
Parfois il prend, sachant mon gran amour de l'Art,
La forme de la plus séduisante des femmes,
Et, sous de spécieux prétextes de cafard,
Accoutume ma lèvre à des philtres infâmes.
Il me conduit ainsi, loin du regard de Dieu,
Haletant et brisé de fatigue, au milieu
Des plaines de l'Ennui, profonds et désertes,
Et jettte dans mes yeux pleins de confusion
Des vêtements souillés, des blessures ouvertes,
Et l'appareil sanglant de la Destruction!
Charles Baudelaire -1857
domingo, 22 de abril de 2018
Porque desde el día en que tocaste el marco de la puerta de mi casa, todo lo que encontraste detrás se convirtió en oro. Y cada centímetro cúbico de aire que respiraste en mi cama flota suspendido sobre mi cabeza, lleno de estrellas suspendidas, brillante y único. Y lo busco y lo inhalo de un bocado y la espera se me hace más llevadera.
viernes, 20 de abril de 2018
¿Qué pasa?
Me haces preguntas difíciles,
Verdaderamente difíciles. Como cuando te miro, sonrío y te sigo observando, y tú me devuelves la sonrisa y me dices: ¿qué pasa?
Y yo entorno los ojos, sacudo la cabeza y digo: nada. Es más fácil decir que no pasa nada, que explicarte que pasan por mi mente cuatrocientas treinta y una mil novecientas ochenta cosas. Todas al mismo tiempo. Sí.
Podría decirte que estoy pensando en cómo tus ojos iridescen, verdes y azules, y cómo están surcados de rayos amarillos, como si tuvieras un sol en las pupilas. También pienso en que es una lástima cómo tu mejilla derecha sube un poco más que la izquierda cuando sonríes, aunque no es realmente una lástima. Es interesante.
Pienso en la curva imposible de tu barbilla, en cómo los lóbulos de tus orejas se acercan a tu cuello, quién pudiera también. Pienso en esa media sonrisa hacia la derecha, ésa que no enseña los dientes y que me regalas cuando nadie más nos ve. Pienso en cómo se me para el corazón cada vez que te estoy besando y abro los ojos, y te encuentro sonriendo y buscando mi boca.
Pienso en ti anoche, abrazándome fuerte en la cama, pienso en cómo ha podido vivir mi caja torácica sin tus brazos alrededor hasta hoy. Ese abrazo tuyo tan inexperto, es el más dulce que he sentido en mi vida. Pienso en tus labios, cantando libres en mi cama, lleno de vida y de fuego, chisporroteante, y yo escuchándote y alimentándome de tu música, como una suerte de pequeño animal eléctrico.
Pienso en los arrebatos de primavera. En los ojos color coca-cola. Pienso en que tu tic tac y el mío son el mismo son. Pienso que quizás, para ti también, la música ahora tiene un nuevo sentido. Y qué maravilla.
Pienso en tu loca melena desparramada sobre mi pecho, y tu voz que se acomoda y me dices que qué almohada tan suave. Y sonrío y me estremezco. Acomodate, siempre vas a tener un suave hueco para ti aquí.
Pienso en cómo tu voz profunda me transporta a casa como en un sueño, como una alfombra mágica, cómo apago la música y respiro bajito para que no se disuelvan tus notas. Pienso en que ojalá te vuelva a ver muy pronto.
Pienso en lo que pasa bajo las sábanas, pero eso ya es otra historia.
¿Ves como es más fácil decirte que no pasa nada?
Verdaderamente difíciles. Como cuando te miro, sonrío y te sigo observando, y tú me devuelves la sonrisa y me dices: ¿qué pasa?
Y yo entorno los ojos, sacudo la cabeza y digo: nada. Es más fácil decir que no pasa nada, que explicarte que pasan por mi mente cuatrocientas treinta y una mil novecientas ochenta cosas. Todas al mismo tiempo. Sí.
Podría decirte que estoy pensando en cómo tus ojos iridescen, verdes y azules, y cómo están surcados de rayos amarillos, como si tuvieras un sol en las pupilas. También pienso en que es una lástima cómo tu mejilla derecha sube un poco más que la izquierda cuando sonríes, aunque no es realmente una lástima. Es interesante.
Pienso en la curva imposible de tu barbilla, en cómo los lóbulos de tus orejas se acercan a tu cuello, quién pudiera también. Pienso en esa media sonrisa hacia la derecha, ésa que no enseña los dientes y que me regalas cuando nadie más nos ve. Pienso en cómo se me para el corazón cada vez que te estoy besando y abro los ojos, y te encuentro sonriendo y buscando mi boca.
Pienso en ti anoche, abrazándome fuerte en la cama, pienso en cómo ha podido vivir mi caja torácica sin tus brazos alrededor hasta hoy. Ese abrazo tuyo tan inexperto, es el más dulce que he sentido en mi vida. Pienso en tus labios, cantando libres en mi cama, lleno de vida y de fuego, chisporroteante, y yo escuchándote y alimentándome de tu música, como una suerte de pequeño animal eléctrico.
Pienso en los arrebatos de primavera. En los ojos color coca-cola. Pienso en que tu tic tac y el mío son el mismo son. Pienso que quizás, para ti también, la música ahora tiene un nuevo sentido. Y qué maravilla.
Pienso en tu loca melena desparramada sobre mi pecho, y tu voz que se acomoda y me dices que qué almohada tan suave. Y sonrío y me estremezco. Acomodate, siempre vas a tener un suave hueco para ti aquí.
Pienso en cómo tu voz profunda me transporta a casa como en un sueño, como una alfombra mágica, cómo apago la música y respiro bajito para que no se disuelvan tus notas. Pienso en que ojalá te vuelva a ver muy pronto.
Pienso en lo que pasa bajo las sábanas, pero eso ya es otra historia.
¿Ves como es más fácil decirte que no pasa nada?
martes, 17 de abril de 2018
Vida en monodosis
Las ventas de pañales para bebé bajan, bajan y bajan en picado.
Ya nadie compra pan de molde en formato "familiar".
Nadie quiere el "dos por uno, ahorre y llévese producto para toda la familia".
No queremos monovolúmenes, con sitio para las sillitas de los niños, no queremos sofás de cuatro plazas ni grandes mesas de comedor.
No queremos tres sombrillas de playa, diez sillas, las toallas para todos los chavales, las neveras hasta arriba de sandía, latas de fanta llenas de arena y una montaña de bocadillos desiguales.
No queremos excursiones con los primos, ni "habrá que coger los otros coches, porque si no, no cabemos todos".
No queremos ofertas de la vuelta al cole, treinta lápices de colores por el precio de veinte, cinco cuadernos con cuadritos grandes y cinco cuadernos con cuadritos pequeños por un precio increíble, no queremos dos mochilas con ruedas por el precio de una.
No queremos a la abuela teniendo que traer taburetes del sótano para que quepamos todos, ni la mesa de los niños en Nochebuena llena a reventar, no queremos el "juntaos un poco más, que los de los lados no salís en la foto".
Ya no queremos cafeteras italianas de ocho tazas de café ni grandes ollas para hacer guisos.
Ahora, queremos incansables el silencio.
Queremos auriculares para ir siempre aislados, sí, más aislados todavía. Ni cuando andamos por la calle solos y rodeados de gente sola queremos ni rozarnos.
Coches de dos plazas y el bolso en el asiento del copiloto.
Prepara una muda y una camiseta limpia y listo, ya está hecha la maleta en dos minutos.
Mesa para uno al fondo del restaurante, sí, en la mesa de detrás de la columna, para que nadie nos vea. Media ración de esto y otra media de aquello, que yo con eso voy bien, el menú es demasiada comida para uno solo.
Paquetitos de azúcar con sólo un terrón.
Tortilla de patatas envasada para uno. Bricks de zumo de naranja para llevar, listo para tomar, contiene una ración. Pack divisible. Cápsula de café directa a la taza, en un momento, sin problema, sin perder tiempo.
Sólo un cepillo de dientes en el lavabo. Sólo un peine. Sólo una toalla colgada de la puerta. Una ducha pequeñita, para qué quieres más. Cama de noventa, una almohada, una manta, un armario todo para tí, no tienes que compartirlo con nadie.
Tómate un sándwich y una coca - cola en cualquier sitio y entretente, que más da si llegas tarde a casa, si nadie te espera.
La cama fría, la casa a oscuras. La paz medio vacía. La incómoda comodidad.
Y cuando, más tarde o más temprano, te llegue la hora y se apaguen tus coronarias, te quedarás tirado en la cama, cada vez más frío, cada vez más rígido, y tu móvil puede que vibre con la llamada preocupada de algún amigo, o algún mensaje, pero nadie se preocupará hasta que pasen días porque "igual, si vive solo, estará liado con algo".
Y te irás como viviste: solo.
Ya nadie compra pan de molde en formato "familiar".
Nadie quiere el "dos por uno, ahorre y llévese producto para toda la familia".
No queremos monovolúmenes, con sitio para las sillitas de los niños, no queremos sofás de cuatro plazas ni grandes mesas de comedor.
No queremos tres sombrillas de playa, diez sillas, las toallas para todos los chavales, las neveras hasta arriba de sandía, latas de fanta llenas de arena y una montaña de bocadillos desiguales.
No queremos excursiones con los primos, ni "habrá que coger los otros coches, porque si no, no cabemos todos".
No queremos ofertas de la vuelta al cole, treinta lápices de colores por el precio de veinte, cinco cuadernos con cuadritos grandes y cinco cuadernos con cuadritos pequeños por un precio increíble, no queremos dos mochilas con ruedas por el precio de una.
No queremos a la abuela teniendo que traer taburetes del sótano para que quepamos todos, ni la mesa de los niños en Nochebuena llena a reventar, no queremos el "juntaos un poco más, que los de los lados no salís en la foto".
Ya no queremos cafeteras italianas de ocho tazas de café ni grandes ollas para hacer guisos.
Ahora, queremos incansables el silencio.
Queremos auriculares para ir siempre aislados, sí, más aislados todavía. Ni cuando andamos por la calle solos y rodeados de gente sola queremos ni rozarnos.
Coches de dos plazas y el bolso en el asiento del copiloto.
Prepara una muda y una camiseta limpia y listo, ya está hecha la maleta en dos minutos.
Mesa para uno al fondo del restaurante, sí, en la mesa de detrás de la columna, para que nadie nos vea. Media ración de esto y otra media de aquello, que yo con eso voy bien, el menú es demasiada comida para uno solo.
Paquetitos de azúcar con sólo un terrón.
Tortilla de patatas envasada para uno. Bricks de zumo de naranja para llevar, listo para tomar, contiene una ración. Pack divisible. Cápsula de café directa a la taza, en un momento, sin problema, sin perder tiempo.
Sólo un cepillo de dientes en el lavabo. Sólo un peine. Sólo una toalla colgada de la puerta. Una ducha pequeñita, para qué quieres más. Cama de noventa, una almohada, una manta, un armario todo para tí, no tienes que compartirlo con nadie.
Tómate un sándwich y una coca - cola en cualquier sitio y entretente, que más da si llegas tarde a casa, si nadie te espera.
La cama fría, la casa a oscuras. La paz medio vacía. La incómoda comodidad.
Y cuando, más tarde o más temprano, te llegue la hora y se apaguen tus coronarias, te quedarás tirado en la cama, cada vez más frío, cada vez más rígido, y tu móvil puede que vibre con la llamada preocupada de algún amigo, o algún mensaje, pero nadie se preocupará hasta que pasen días porque "igual, si vive solo, estará liado con algo".
Y te irás como viviste: solo.
lunes, 16 de abril de 2018
Soneto a tus putos muertos.
Unas líneas llenas de bilis, pero muy liberadoras. Lo he venido en llamar "soneto a tus putos muertos".
Tú, aquel loco solitario y beligerante. Tú, el antiguo, el gran poeta grecolatino, el fundador de la academia de Platón. Tú, el falso ídolo, el dios de madera.
Tú, el que a todos juzgaba, el que rajaba de todos los chavales que escribían (como tú) por amor, por desdicha, por insomnio, por desidia, porque les daba la gana, tú
que te llenabas la boca de envidia y escupías, porque eran
mejores que tú.
Para tí, que todos los concursos que perdías estaban amañados, que todos los recitales a los que no ibas eran mediocres, tú.
Tú, con tus versos alejandrinos y tu métrica perfecta, tú
con tu mierda sin sentido.
Tú, que no emocionabas a nadie, que no te emocionabas ni a tí mismo, tú.
Tú que te odiaste más fuerte de lo que nunca llegaste a amarme a mí.
Tú, que me hiciste perder el tiempo,
el norte,
la vida,
la música,
la poesía.
Ahora, que te jodan a tí y a tus cánticos, a tus tercetos y a tus versos machacados, a tus sonetos imposibles y a tus sílabas vacías. Que te jodan, porque
estás solo en el desierto, y allí te vas a secar.
Solo, como siempre estuviste,
solo, como siempre quisiste estar.
Ahora, cierra la rima,
redondea el verso,
mide las sílabas
Y vete a la mierda.
sábado, 14 de abril de 2018
Neil Hilborn - Future Tense
Tu cuarto amor, tu primer amor verdadero, que te trajo paz cuando todo tu cuerpo era un arma.
Haz que la lluvia no suene a nada. Haz que la lluvia no se parezca en nada a su voz.
No te quedes solo. Cuando te quedes solo, no harás ninguna de las cosas que hacías con ella, así que no harás nada.
Maravíllate ante como ella, la paciente jardinera, la que traía el sueño, la que preparaba el baño y encendía las velas, la que te hizo alguien que podría convertirse en alguien, ella que te hizo querer vivir más que nada en el mundo, y ahora te hace querer dejar el mundo, porque lo has visto.
En ella has visto el color y la forma de tu vida perfecta. Y ahora los niños, la casa, las discusiones sobre manteles, todo se apaga. Como cosas dejadas al sol. Como cualquier sueño dejado expuesto a la luz durante demasiado tiempo.
Por qué, dios, por qué
duele tanto respirar al despertarse.
Por qué el silencio abusa, acosa, destruye.
Por qué.
Por qué cada músculo es una puñalada de acero
y cada voz en tu garganta es un canto al cielo
y cada cuello es un destrozo rojo y negro
y cada beso es un meteorito en tu pelo
y cada día es un imposible.
duele tanto respirar al despertarse.
Por qué el silencio abusa, acosa, destruye.
Por qué.
Por qué cada músculo es una puñalada de acero
y cada voz en tu garganta es un canto al cielo
y cada cuello es un destrozo rojo y negro
y cada beso es un meteorito en tu pelo
y cada día es un imposible.
domingo, 8 de abril de 2018
Benedetti
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
Mario Benedetti.
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
Mario Benedetti.
Extremo...
¡Hoy te la meto de todas todas!-¿Por qué anda sola esta amapola?¡Hoy te la meto de mil maneras!Y ya anda con la lengua fuera.¡Hoy te la meto hasta las orejassolito con mover las cejas!¡Hoy te la meto hasta el mismo corazónsólo con que digas calor!
lunes, 2 de abril de 2018
Edipo y la Esfinge - Moreau
Hace años ya que me prometí una entrada sobre un cuadro inquietante y hermoso que me persiguió por el mundo durante una época muy hermosa de mi vida: Edipo y la Esfinge, de Gustave Moreau.
Me crucé por primera vez con él en el museo del Louvre, en París, allá por 2014, en una exposición temporal, y recuerdo acudir a verlo casi con ansias y con hambre. Lo fotografié, lo dibujé, lo miré y lo remiré, y siempre era el mismo y a la vez era distinto. La exposición terminó y lo desterré a la parte de atrás de mi memoria.
Al año siguiente, en el verano de 2015, estaba yo extasiada paseando por las salas marmóreas del Museo Metropolitano de Nueva York, doblé una esquina y me lo encontré de cara, con sus dos metros de altura y su anguloso esquema de formas mirándome, pesado, casi acusador, casi reprochándome haberlo olvidado. Y allí me senté, entre la gente que caminaba, en la otra esquina del mundo, y volví a dibujarlo, y creo que aquella tarde de agosto se cerró el círculo.
Y hoy toca contar su historia.
La Esfinge, en griego antiguo σφίγγω (quizás de "estrangular") es un demonio representado con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave, símbolo de destrucción y mala suerte.
Hesíodo es el padre de la primera Esfinge griega, y la pare como hija de la Quimera y de Ortro, el perro hermano de Cerbero. Otros la hacen hija del amor entre Tifón y la Quimera, o de una ninfa con cola de serpiente.
La Esfinge fue mandada según Hesíodo por la vengativa Hera para destruir y causar terror en los campos que circundaban la ciudad de Tebas, con motivo del rapto y la seducción que Layo, el rey de Tebas, cometió en el joven Crisipo. Otros mencionan que fue enviada por Dionisio y Ares, incluso por el dios del inframundo.
La horrible mujer - león se asentó en uno de los montes del oeste de Tebas, y desde allí asolaba los campos, destruía las siembras y estrangulaba a todos los que no fueran capaces de resolver sus enigmas. Propuso a Creonte, entonces rey de Tebas, que si alguien era capaz de resolver uno de sus enigmas se iría para siempre; pero si no, mataría a quienes fallasen y seguiría destruyendo.
Ahora bien, ¿cuál fue el acertijo que la Esfinge propuso a los tebanos? Todos lo conocemos, y Aristófanes nos brinda la versión más elaborada:
Varios trataron de resolver el enigma y fallaron, siendo asesinados por la terrible bestia; entre ellos Hemón, el hijo de Creonte. El rey, desesperado, hizo una proclama a toda Grecia prometiendo el reino entero y a su hermana en matrimonio a aquel que fuera capaz de resolver el enigma de la Esfinge.
A responder a esta desesperada llamada acudió Edipo, el hijo perdido de Layo y Yocasta, y fue el único que consiguió resolverlo correctamente. Según Aristófanes de nuevo, estas palabras son las que Edipo dedicó a la bestia:
La Esfinge, derrotada, a partir de este momento buscó la muerte. Sin embargo, como nos tienen acostumbrados los griegos, las versiones se mezclan. Higinio nos cuenta que la Esfinge saltó desde su guarida en el monte en busca de la muerte, Eurípides habla de que fue el propio Edipo el que la mató... La única certeza que tenemos es que Edipo tuvo su recompensa, se casó con Yocasta (recordad que era su madre) y se convirtió en rey de Tebas.
La alegoría final, siempre tan recta y moralmente evidente, tal y como nos tienen acostumbrados los griegos, es que el mito representa el triunfo de la belleza y la sabiduría sobre el horror.
Una vez colocados en el contexto, vamos a la tela que nos ocupa, el magistral óleo de Moreau.
Fue pintado en 1864, y se trata de un cuadro puramente simbolista y cargado de verticalidad. Moreau representa al protagonista con sus atributos clásicos, como un viajero: el manto y el bastón. La Esfinge, que de forma tradicional se representa sobre una columna, aparece encaramada al pecho de Edipo y lo observa con expresión hierática. Por el suelo, dispersos, los cadáveres de los pobres infelices que fallaron anteriormente el acertijo. El entorno en el que están es montañoso, onírico, brumoso.
La composición es una línea vertical continua, una auténtica columna de formas. Edipo se levanta recto, anguloso, apoyado también en su bastón recto: el hombre hermético, el anthropos que centra la creación. Es la juventud, la belleza, el hombre sabio que todo lo puede.
La Esfinge es también vertical, y nos ofrece un ritmo ascendente con sus alas desplegadas al cielo. Sólo rompe la rectitud la curva de su lomo, aunque también nos hace imaginar un salto hacia arriba. La mirada de la esfinge, con su rostro femenino, es sugerente y seductora, pero se encuentra con la mirada fría y racional del anthropos. Sin embargo, a la vez la conexión entre ambas miradas trasciende una simple lucha de poder: Moreau representa en sus composiciones a menudo imágenes especulares, y enfrenta conceptos aparentemente opuestos para mostrar el ciclo circular del universo. ¿Son Edipo y la Esfinge un espejo el uno del otro?
Termino con el auténtico alma del cuadro: el simbolismo. Como dicen en (1):
FUENTES:
https://www.revistaesfinge.com/breves/oculto-en-el-arte/item/1286-edipo-y-la-esfinge
https://historia-arte.com/obras/edipo-y-la-esfinge
https://es.wikipedia.org/wiki/Edipo_y_la_esfinge
Me crucé por primera vez con él en el museo del Louvre, en París, allá por 2014, en una exposición temporal, y recuerdo acudir a verlo casi con ansias y con hambre. Lo fotografié, lo dibujé, lo miré y lo remiré, y siempre era el mismo y a la vez era distinto. La exposición terminó y lo desterré a la parte de atrás de mi memoria.
Al año siguiente, en el verano de 2015, estaba yo extasiada paseando por las salas marmóreas del Museo Metropolitano de Nueva York, doblé una esquina y me lo encontré de cara, con sus dos metros de altura y su anguloso esquema de formas mirándome, pesado, casi acusador, casi reprochándome haberlo olvidado. Y allí me senté, entre la gente que caminaba, en la otra esquina del mundo, y volví a dibujarlo, y creo que aquella tarde de agosto se cerró el círculo.
Y hoy toca contar su historia.
La Esfinge, en griego antiguo σφίγγω (quizás de "estrangular") es un demonio representado con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave, símbolo de destrucción y mala suerte.
Hesíodo es el padre de la primera Esfinge griega, y la pare como hija de la Quimera y de Ortro, el perro hermano de Cerbero. Otros la hacen hija del amor entre Tifón y la Quimera, o de una ninfa con cola de serpiente.
La Esfinge fue mandada según Hesíodo por la vengativa Hera para destruir y causar terror en los campos que circundaban la ciudad de Tebas, con motivo del rapto y la seducción que Layo, el rey de Tebas, cometió en el joven Crisipo. Otros mencionan que fue enviada por Dionisio y Ares, incluso por el dios del inframundo.
La horrible mujer - león se asentó en uno de los montes del oeste de Tebas, y desde allí asolaba los campos, destruía las siembras y estrangulaba a todos los que no fueran capaces de resolver sus enigmas. Propuso a Creonte, entonces rey de Tebas, que si alguien era capaz de resolver uno de sus enigmas se iría para siempre; pero si no, mataría a quienes fallasen y seguiría destruyendo.
Ahora bien, ¿cuál fue el acertijo que la Esfinge propuso a los tebanos? Todos lo conocemos, y Aristófanes nos brinda la versión más elaborada:
Existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo, que tiene sólo una voz, y es también trípode. Es el único que cambia su aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, aire o mar. Pero, cuando anda apoyado en más pies, entonces la movilidad de sus miembros es mucho más débil.
Varios trataron de resolver el enigma y fallaron, siendo asesinados por la terrible bestia; entre ellos Hemón, el hijo de Creonte. El rey, desesperado, hizo una proclama a toda Grecia prometiendo el reino entero y a su hermana en matrimonio a aquel que fuera capaz de resolver el enigma de la Esfinge.
A responder a esta desesperada llamada acudió Edipo, el hijo perdido de Layo y Yocasta, y fue el único que consiguió resolverlo correctamente. Según Aristófanes de nuevo, estas palabras son las que Edipo dedicó a la bestia:
Escucha, aun cuando no quieras, Musa de mal agüero de los muertos, mi voz, que es el fin de tu locura. Te has referido al hombre, que cuando se arrastra por tierra, al principio, nace del vientre de la madre como indefenso cuadrúpedo y, al ser viejo, apoya su bastón como un tercer pie, cargando el cuello doblado por la vejez.
La Esfinge, derrotada, a partir de este momento buscó la muerte. Sin embargo, como nos tienen acostumbrados los griegos, las versiones se mezclan. Higinio nos cuenta que la Esfinge saltó desde su guarida en el monte en busca de la muerte, Eurípides habla de que fue el propio Edipo el que la mató... La única certeza que tenemos es que Edipo tuvo su recompensa, se casó con Yocasta (recordad que era su madre) y se convirtió en rey de Tebas.
La alegoría final, siempre tan recta y moralmente evidente, tal y como nos tienen acostumbrados los griegos, es que el mito representa el triunfo de la belleza y la sabiduría sobre el horror.
Una vez colocados en el contexto, vamos a la tela que nos ocupa, el magistral óleo de Moreau.
Fue pintado en 1864, y se trata de un cuadro puramente simbolista y cargado de verticalidad. Moreau representa al protagonista con sus atributos clásicos, como un viajero: el manto y el bastón. La Esfinge, que de forma tradicional se representa sobre una columna, aparece encaramada al pecho de Edipo y lo observa con expresión hierática. Por el suelo, dispersos, los cadáveres de los pobres infelices que fallaron anteriormente el acertijo. El entorno en el que están es montañoso, onírico, brumoso.
La composición es una línea vertical continua, una auténtica columna de formas. Edipo se levanta recto, anguloso, apoyado también en su bastón recto: el hombre hermético, el anthropos que centra la creación. Es la juventud, la belleza, el hombre sabio que todo lo puede.
La Esfinge es también vertical, y nos ofrece un ritmo ascendente con sus alas desplegadas al cielo. Sólo rompe la rectitud la curva de su lomo, aunque también nos hace imaginar un salto hacia arriba. La mirada de la esfinge, con su rostro femenino, es sugerente y seductora, pero se encuentra con la mirada fría y racional del anthropos. Sin embargo, a la vez la conexión entre ambas miradas trasciende una simple lucha de poder: Moreau representa en sus composiciones a menudo imágenes especulares, y enfrenta conceptos aparentemente opuestos para mostrar el ciclo circular del universo. ¿Son Edipo y la Esfinge un espejo el uno del otro?
Termino con el auténtico alma del cuadro: el simbolismo. Como dicen en (1):
Las alas de la esfinge, alas de águila, están precisamente asociadas a esa constelación y a la de Escorpio, así como al equinoccio de otoño, a la vejez, al declive de la vida, mientras que Edipo es la fuerza, la juventud que todo lo puede. Por eso todo en él es vertical. Sin embargo, las patas de la esfinge se refieren también a la juventud, porque lo son en la representación del principio del año babilónico, el equinoccio de primavera; y la cola indica la posición del Sol en el solsticio de verano, la madurez.
La esfinge recorre y asume todas las etapas de la vida. Todas las dudas, todas las preguntas y todas las tentaciones. La esfinge, eterna, lleva en sí todas las edades, todas las etapas, porque en todas hay enigmas que es necesario responder. Y vencer.
Y eterno es el Edipo vertical, el que vence, el que conoce su camino, el que se apoya en la roca. El que no deja a su espalda resquicio alguno por el que penetre la duda, la debilidad, la derrota.
FUENTES:
https://www.revistaesfinge.com/breves/oculto-en-el-arte/item/1286-edipo-y-la-esfinge
https://historia-arte.com/obras/edipo-y-la-esfinge
https://es.wikipedia.org/wiki/Edipo_y_la_esfinge
Actualizamos: por ahora lo llamaremos "E-life"
Capítulo 1: motivo de consulta
1.
Stephan
Stephan suspiró y se frotó la frente con el
dorso de la mano. La bata blanca le rozó la piel y sintió las ya familiares
descargas eléctricas descendentes en un lado de la cara. La mierda de chips
liberadores de analgésicos que se había comprado para prevenir la migraña no
iban a hacer más que darle problemas.
Se levantó trabajosamente del sillón en el que
estaba apoltronado, dejando a un lado el informe médico que había escrito y
revisado más de una veintena de veces; seguía sin estar a gusto con el maldito
papelajo, y no sabía por qué. No saber cosas lo ponía nervioso. Cogió la gruesa
carpeta de seguimiento, la roja, y se la encajó bajo el esquelético brazo antes
de salir. Pronto necesitaría un codo nuevo.
Las suelas de goma de sus zapatillas deportivas
chirriaban contra el suelo de linóleo del pasillo del centro de investigación.
Las luces estaban apagadas, y Stephan se movía guiado por la tenue penumbra
amarillenta y sucia que se colaba por entre las rendijas de los filtros de aire,
aunque sobre todo por el profundo conocimiento que tenía de aquellos pasillos.
Giró a la izquierda en el control de
enfermería, cerrado a esas horas de la noche (los suplementos de melatonina
financiados por el gobierno para suplir la falta de sol eran algo normal en la
vida de la gente) y se encontró con la puerta del pasillo abierta. - ¿Qué
cojones? - dijo en voz alta, y dio un paso adelante. El corredor con las habitaciones
1 a 40 se extendía ante él, bañado en su principio por una luz amarilla sucia
que emanaba de la habitación número 1. En las primeras 5 habitaciones colocaban
a los sujetos más nuevos, aquellos que acababan de entrar en el estudio. Los
más complicados. Los que más tendencia tenían a arrancarse los implantes y a
pedir la eutanasia a gritos; esas cosas no eran buenas para los nervios de
Harra, la enfermera jefe; tampoco para los de Stephan, que a veces hasta los
perdía.
Corrió de vuelta al puesto de enfermeras y, en
un abrir y cerrar de ojos, se llenó los bolsillos de la bata con tres pares de
guantes, varios botes de solución alcohólica para desinfectar, algunos paquetes
de ese asqueroso hilo auto – anudable que acababa de desarrollar la Bayer (o la
Santa Madre Farmacéutica, como la llamaba Harra), dos pares de pinzas y una
mascarilla. Cuando llegó a la habitación, aún anudándosela, se paró en seco.
Doel, el estudiante de salud que pasaba con él las mañanas, estaba inclinado
sobre la cama del sujeto número 1 y le suturaba con manos torpes la herida de
la espinilla; esa maldita herida que, desde que se la abrió la segunda noche de
su estancia en el centro, no había parado de dar problemas. Stephan entró
bruscamente a la habitación
– ¿Se puede saber qué cojones estás haciendo? - interpeló al chico.
– Doc... doctor... se había abierto la herida otra vez, y... no – no
podía hacer que pa... pa... parase de san... sangrar, y... - cuando estaba
nervioso, el insulso pelirrojo tartamudeaba, lo que hacía que a Stephan le
pareciera aún más blando e inútil.
– Cállate. - atajó. Se dirigió hacia la cama y se colocó al lado del
sujeto, que miraba al techo con su ojo humano fijo, y el mecánico temblando
espasmódicamente en su cuenca inflamada.
Tenía sangre en las mejillas, trazos gruesos y
desvaídos que debían llevar allí varios días. Olía a mierda y a orina. El
implante del ojo tenía una pinta asquerosa, se dijo Stephan, cada día peor. Los
agarres se habían movido y había dejado tras de sí su rastro en forma de incisiones
profundas en la piel. Incluso en los superiores se podía intuir el blanco
desvaído del hueso frontal. Además, del ángulo lagrimal de la cuencia
artificial goteaba un pus azulado y apestoso; pero era demasiado azul. En ese
momento Stephan se dio cuenta de algo que lo hizo ponerse aún más nervioso:
quizás no era pus, sino una fuga del vítreo del ojo biónico. Si así era...
probablemente estuviera ya en el sistema nervioso, y el sujeto número 1 era ya
prácticamente pasto de los carros – horno. Lo que más le molestó a Stephan de
todo aquello era que al día siguiente tendría que aguantar a algún radiólogo
subido de tono para que le hiciera una resonancia magnética a aquel
desgraciado. Y además esa noche le tocaría anotarlo todo. Se inclinó sobre el
sujeto para ver de más cerca la pupila, y en ese momento el hijo de puta se
revolvió y fijó el ojo humano en Stephan. De su boca llena de costras no salió
más que un gorgoteo bien entendible:
– Máteme. - Stephan hizo una mueca de asco y se alejó unos centímetros.
– Que te calles, joder – fue toda su respuesta.
Suspiró y luego posó sus ojos en Doel, que
estaba terminando otra sutura terriblemente mal realizada. Salió de la
habitación arrastrando los pies y miró hacia el pasillo vacío a su izquierda.
Tenía que terminar la ronda antes de las cinco de la mañana, o ese día no iba a
dormir una puta mierda.
2: Meera
Meera abre la puerta de su apartamento con la
mano derecha e ignora, por última vez, la corriente de dolor que le sube hasta
la escápula. Traspasa el umbral y cierra a su espalda con una patada distraida;
los pistones mal engrasados del tobillo metálico de su prótesis chirrían;
Stephan le había dicho mil veces que tenía que llamar a un técnico y no hacer
esos movimientos tan forzados. Se acerca arrastrando los pies hasta el sofá de
cuero, soltando en el camino la bolsa que lleva colgada a la espalda. El
ordenador integrado de la casa le da la bienvenida por medio de una transmisión
aterciopelada directa a su oído, como el susurro de un amante: buenas noches,
señorita Vanhaecke. Meera da un respingo y escupe: ¡joder! Siempre igual. - Se
recuesta de nuevo en el sofá y se pregunta por qué encargó el aparato en un
primero momento. Una vocecilla en su cabeza le responde, pero esta vez es un
eco de sí misma, no un mensaje pregrabado de bienvenida: porque te limpia la
casa, puta. Si no fuera por el aparato estarías nadando en mugre.
La muchacha abre los ojos, sobresaltada. Apenas
queda ruido en la calle y la luz es mortecina. Se ha quedado dormida en el
sofá. Enciende la pantalla de su E-life con un toque del dedo índice de la mano
izquierda, y se queda mirando aquel recuadro verde encastrado en su antebrazo.
Las dos y cuarto de la madrugada, mierda. Mañana le va a doler la espalda. Se
despega trabajosamente del sofá, con un nuevo y repetitivo chirrido de protesta
del tobillo, y se dirige hacia la cama arrastrando los pies. El E-life vibra
con timidez: tienes un mensaje.
-
¿Pero qué cojones? – dice en voz
alta mientras se sienta en la cama y se quita los zapatos con el pie contrario.
-
Meera Vanhaecke, tiene un mensaje
de – aquí se produce un cambio de voz que a Meera siempre le resulta cómico –
Stephan Daral.
Acto seguido aparece la cara de Stephan en su
pantalla, formada por una matriz de líneas verdes y azules (a Stephan le había
resultado divertidísimo configurarse a sí mismo con uno de esos temas
prefabricados que se podían descargar de la E-tienda por el módico precio de
500 bitcoins, y aquel era el resultado), y suena su voz:
-
Meera, cariño, esta noche tampoco
voy a poder ir a dormir a casa. Lo siento. Me han encargado un informe médico
más largo que su puta madre y va a ser imposible terminarlo antes de la ronda
nocturna. Intentaré llegar lo antes posible después del cambio de turno, ¿vale?
Te quiero.
Un pitido, y luego silencio. Meera sacude la
cabeza y siente formarse el ya familiar nudo en la base del cuello. Se pregunta
si tendrá cáncer de tiroides, o será la jodida depresión. Se echa en la cama
aún con la ropa del trabajo puesta, y se duerme casi al instante.
3: Taki
Taki se mete las manos en los bolsillos y pega
la espalda a la pared de la marquesina de cristal blindado mientras ve bajar el
elevador de la calle Mesly. Viene lleno de gente; estas horas son siempre una
auténtica mierda. Rebusca en el bolsillo del abrigo y toca su tarjeta de
crédito, la saca y le da un par de vueltas entre los dedos. ¿Quedará dinero
para coger ese día el transporte e ir a trabajar? Se pregunta. La
incertidumbre.
El elevador frena con un silbido y un resoplido
frente a él, y una estampida de gente triste y maloliente se desborda de él
como el pus de un absceso recién reventado. Taki espera paciente, y pasa en
último lugar, detrás de una mujer mayor con uno de esos implantes semifaciales
baratos. La mujer le recuerda a Terminator si tuviese ciento cinco años y se
llamase Ophelia. Sonríe ante su propia ocurrencia.
Entra en el vagón, pasa la tarjeta por el
lector, dos pitidos, luz verde, alivio. Un día más al límite, piensa, y se
sienta en uno de los primeros asientos. Echa una mirada al E-life; todavía son
las ocho menos veinte, así que llegará a tiempo al trabajo. Pasa el dedo por la
pantalla del E-life, y abre la sección de noticias: como siempre, basura. Corea
del Norte realiza el décimo ensayo nuclear esta semana. E-life convoca su
reunión anual: reportan ganancias millonarias. Nuevo golpe de estado en Burkina
Faso: el país está bajo el dominio de la junta militar. Nuevas aplicaciones
para su E-life: ¡toque aquí para ver el menú de ayuda!. El vagón arranca con
una sacudida espasmódica y Taki, sobresaltado, apaga la pantalla con un paso
del dedo por encima y queda absorto en sus pensamientos, mirando por la
ventanilla sucia. Vale, de acuerdo, quizás queda absorto en el culo escultural
de una japonesa enfundada en un mono de látex que camina por la acera contraria
con aires de femme fatale.
Otra sacudida espasmódica lo saca de su
ensoñación, y al mirar a su alrededor repara en que ya ha llegado a su destino:
a su izquierda se alza el edificio imponete, grisáceo y ortogonal del Hospital
Henri Mondor. Es un edificio antiguo construido casi trescientos años antes; o,
al menos, el enclave lo es, ya que Taki no cree que tras las múltiples reformas
que ha sufrido quede algo del edificio original.
Un río de trabajadores, grisáceo y frío, se
desliza hacia la puerta principal. Algunos estudiantes con vestimentas
coloridas e implantes de fantasía se separan del río gris para dirigirse a la
facultad de medicina, en un edificio anexo. Taki repara en una chica de unos
veinte años de edad, que muestra a sus amigas orgullosa un implante de globo
ocular derecho adornado con pequeñas piedras de bisutería engarzadas; cuando lo
mira con más detenimiento se da cuenta de que el globo ocular protésico está
lleno de un vítreo color rosa chillón y motas de purpurina dorada.
Cae una lluvia fina, aunque pesada. El agua
está fría, y Taki cree notar un escozor punzante en la cara con cada gota que
le cae. Cientos de científicos han desmontado una y otra vez la teoría de la
lluvia ácida, ya lo sabe, pero no puede ignorar esa sensación punzante, como si
le picaran rítmicamente mosquitos muy malintencionados en la cara. El cielo
tiene un color gris plomizo con una tonalidad verdosa, y parece abombarse hacia
la tierra, cargado de nubes. El cielo de París últimamente no se despeja con
frecuencia; de hecho, se funde con las aguas espesas y repugnantes del Sena.
Taki alcanza el torno de entrada y pasa su
tarjeta identificativa. Las puertas se abren con un pitido y una luz verde. El
robot de bienvenida le saluda con su voz monocorde: „Buenos días, señorita
Takanawa. Espero que su día sea productivo y placentero. Recuerde que
encontrará en su escritorio la notificación de nómina del pasado semestre, así
como la relación de objetivos para el semestre próximo. Bienvenida al Mondor. „
De camino hacia el ascensor principal Taki echa
una mirada al tablón digital que adorna la pared norte del vestíbulo. Aquí es
difícil encontrar cosas interesantes, todo el mundo tiene acceso y puede
introducir su anuncio mediante una consola situada en un lateral. Sin embargo,
a veces se encuentran cosas curiosas en la sección „Intersalud“: aquí aparecen
anuncios y notificaciones de distintos hospitales y centros de investigación,
así como información para pacientes y familiares. Taki repara en un anuncio
colocado en el centro del tablón: „Centro de Investigación Biomédica Mary
Shelley inicia nuevo ensayo clínico. Prueba de materiales nuevos en
ciberimplantes de última generación. Se reclutan voluntarios“. Se queda parada
unos instantes enfrente del anuncio, con las palabras „Se reclutan voluntarios“
resonando en su cabeza. Finalmente escanea el anuncio con la cámara integrada
del E-life, sacude la cabeza y, casi al instante, lo olvida.
4:
Stephan
Stephan entra a trompicones en la sala de
reuniones: el descomunal reloj digital sobre la larga mesa marca las 7:31.
-
Doctor Daral, gracias por
deleitarnos con su presencia – dice con sorna el doctor Olsdaal, fornido y
orgulloso jefe de servicio de Neurología y portador de uno de los primeros implantes
hipocampales desarrollados casi diez años antes.
-
De nada, Marcus. Siempre es un
placer. – contesta Stephan mientras se quita el abrigo y silencia su E-life.
La sala ríe con timidez. Unos quince médicos y
neuropsicólogos se sientan a los lados de la larga mesa de reuniones,
presididos por la figura herida de Marcus Olsdaal y una descomunal pizarra
digital que casi nunca utilizan.
-
Como iba diciendo – retoma Olsdaal
mirando a Stephan de reojo – esta reunión de resultados era crucial y debía ser
realizada con la mayor celeridad. Hace dos años que iniciamos el estudio
Proteus, y aún seguimos teniendo – traga saliva – carencias.
-
Lo sabemos, doctor Olsdaal.
Nosotros realizamos el trabajo de campo y somos los más conscientes de ello,
pero hay ciertas circunstancias que no podemos modificar, y contratiempos
inesperados – le ataja una mujer de unos cincuenta años de piel castaña, con el
cabello oculto bajo un pañuelo adornado con formas geométricas azules, con una
identificación colgada al cuello y una multitud de bolígrafos agolpándose en el
bolsillo de su bata.
-
Lo sé, Farida. Pero no termino de
asumir que los contratiempos sean tan importantes que no os permitan
continuar... O que os lleven a errores metodológicos y éticos tan importantes
como los que he visto esta semana – contesta Olsdaal, dirigiendo una mirada
incisiva a Stephan.
Se hace el silencio en la sala.
-
¿A qué te refieres exactamente,
Marcus? – ataja Stephan con suspicacia. – Espero que no estés hablando del
incidente del módulo 1, ni del material de los implantes oculares, tampoco de
la filtración a esa mierda de revista E-yellow de que estamos usando
estudiantes para las tareas de auxiliares de enfermería... No sé. Me gustaría
recordarte que tú eres el coordinador y jefe del proyecto, y si hay tantos
fallos es quizás porque nos tienes arrinconados en la mierda más absoluta y en
condiciones tercermundistas...
-
Stephan, me estás cabreando – le
cortó Olsdaal – no sé si tengo que recordarte precisamente eso yo a tí: que soy
el jefe del proyecto, y además tu jefe, y creo que me debes guardar un cierto
respeto.
Se hizo el silencio en la sala. Stephan lanzó a
Olsdaal una mirada encendida, ávida y llena de furia, que hizo que los médicos
sentados junto a él parecieran encogerse en sus sillas. Se podía cortar el aire
con un cuchillo.
-
Podrías empezar a comportarte como
tal, entonces, y por una vez bajarte al barro y no sólo defender tus
privilegios – escupió Stephan.
Farida abrió la boca en una O atónita, aunque
había hilaridad en sus ojos. El equipo de neuropsicólogos en pleno bajó la
mirada y se dedicó a la contemplación atenta del suelo de tarima. Marcus
Olsdaal se quedó petrificado, y al instante pareció desinflarse dentro de su
bata. Miró a ambos lados, incrédulo, y luego volvió a posar la mirada sobre
Stephan como preguntándose por qué seguía allí. Éste pareció recoger el testigo
de su jefe y salió de la sala con paso neutro, igual que había entrado.
El reloj digital sobre la pizarra marcaba las
7:38.
Poesía moderna... de mierda.
Todos somos poetas cuando tenemos quince años.
Qué fácil es hablar del amor, de las mariposas en el estómago, de la sonata de tu voz y el brillo níveo de unos pechos, de las perlas blancas que son tus dientes y de cómo perderse en unos ojos, qué fácil.
Qué fácil es hablar del calor de una cama caliente, de los muelles del colchón, de entregarse, de sudar, de la "petite mort", del cigarrito de después.
Qué fácil es hablar del amor cuando sólo se ha oído en canciones.
Qué fácil es hablar del amor cuando sólo se ha oído en ocasiones.
Qué fácil es hablar del amor cuando no se sabe de la cara oscura, del dolor. Cuando no se sabe la verdad.
La verdad son los olores mezclados, el acre, las manchas en las sábanas, los temblores, el pasarse o el no llegar, el abrir la mochila y encontrar los monstruos de siempre, el partir el pan, el "hoy cocinas tú", el miedo, el hambre, los inicios y los finales.
Qué fácil es hablar del amor, de las mariposas en el estómago, de la sonata de tu voz y el brillo níveo de unos pechos, de las perlas blancas que son tus dientes y de cómo perderse en unos ojos, qué fácil.
Qué fácil es hablar del calor de una cama caliente, de los muelles del colchón, de entregarse, de sudar, de la "petite mort", del cigarrito de después.
Qué fácil es hablar del amor cuando sólo se ha oído en canciones.
Qué fácil es hablar del amor cuando sólo se ha oído en ocasiones.
Qué fácil es hablar del amor cuando no se sabe de la cara oscura, del dolor. Cuando no se sabe la verdad.
La verdad son los olores mezclados, el acre, las manchas en las sábanas, los temblores, el pasarse o el no llegar, el abrir la mochila y encontrar los monstruos de siempre, el partir el pan, el "hoy cocinas tú", el miedo, el hambre, los inicios y los finales.
No me sueltes
domingo, 1 de abril de 2018
Tú
Carne, piel, la voz por lo bajo,
tus ojos cambiantes,
tus manos...
Tus manos.
La curva imposible
de tus labios...
Tus labios.
La suave matriz
de tus abrazos...
Tus abrazos.
Mezclarnos, perdernos, partirnos,
como una comida caliente,
o un trago de agua fresca en el desierto:
necesario;
imprescindible;
adictivo.
tus ojos cambiantes,
tus manos...
Tus manos.
La curva imposible
de tus labios...
Tus labios.
La suave matriz
de tus abrazos...
Tus abrazos.
Mezclarnos, perdernos, partirnos,
como una comida caliente,
o un trago de agua fresca en el desierto:
necesario;
imprescindible;
adictivo.
No me sueltes.
sábado, 31 de marzo de 2018
Neil Hilborn, o por qué la poesía es tan maravillosa
She was the first beautiful thing I ever got stuck on.
I want her back so bad, I leave the door unlocked. I leave the lights on.======================================================================
And your lips are so soft I can't actually tell when we're touching,
Like braiding hair underwater,
'Cause kissing you is kinda like that:
Unhealthy,
And will probably end in disfigurement,
But baby, bring on the facial scars and lead poisoning.
======================================================================
All the tics, all the constantly refreshing images just disappeared. When you have Obsessive Compulsive Disorder, you don’t really get quiet moments.
Even in bed, I’m thinking:
Did I lock the doors? Yes. Did I wash my hands? Yes. Did I lock the doors? Yes. Did I wash my hands? Yes.
But when I saw her, the only thing I could think about was the hairpin curve of her lips...
Or the eyelash on her cheek— the eyelash on her cheek— the eyelash on her cheek.
I knew I had to talk to her.
I asked her out six times in thirty seconds.
She said yes after the third one, but none of them felt right, so I had to keep going.
On our first date, I spent more time organizing my meal by color than I did eating it, or fucking talking to her...
But she loved it.
She loved that I had to kiss her goodbye sixteen times or twenty-four times if it was Wednesday.
She loved that it took me forever to walk home because there are lots of cracks on our sidewalk.
When we moved in together, she said she felt safe, like no one would ever rob us because I definitely locked the door eighteen times.
I’d always watch her mouth when she talked— when she talked— when she talked— when she talked ---when she talked;
When she said she loved me, her mouth would curl up at the edges.
At night, she’d lay in bed and watch me turn all the lights off.. And on, and off, and on, and off, and on, and off, and on, and off, and on, and off, and on, and off, and on, and off, and on, and off, and on, and off, and on, and off, and on, and off.
She’d close her eyes and imagine that the days and nights were passing in front of her.
Some mornings I’d start kissing her goodbye but she’d just leave cause I was just making her late for work... When I stopped in front of a crack in the sidewalk, she just kept walking... When she said she loved me her mouth was a straight line. She told me that I was taking up too much of her time.
Last week she started sleeping at her mother’s place.
She told me that she shouldn’t have let me get so attached to her; that this whole thing was a mistake, but...
How can it be a mistake that I don’t have to wash my hands after I touched her?
Love is not a mistake, and it’s killing me that she can run away from this and I just can’t.
I can’t – I can’t go out and find someone new because I always think of her.
Usually, when I obsess over things, I see germs sneaking into my skin.
I see myself crushed by an endless succession of cars...
And she was the first beautiful thing I ever got stuck on.
I want to wake up every morning thinking about the way she holds her steering wheel..
How she turns shower knobs like she's opening a safe.
How she blows out candles— blows out candles— blows out candles— blows out candles— blows out candles— blows out…
Now, I just think about who else is kissing her.
I can’t breathe because he only kisses her once — he doesn’t care if it’s perfect!
I want her back so bad...
I leave the door unlocked.
I leave the lights on.
Last week she started sleeping at her mother’s place.
She told me that she shouldn’t have let me get so attached to her; that this whole thing was a mistake, but...
How can it be a mistake that I don’t have to wash my hands after I touched her?
Love is not a mistake, and it’s killing me that she can run away from this and I just can’t.
I can’t – I can’t go out and find someone new because I always think of her.
Usually, when I obsess over things, I see germs sneaking into my skin.
I see myself crushed by an endless succession of cars...
And she was the first beautiful thing I ever got stuck on.
I want to wake up every morning thinking about the way she holds her steering wheel..
How she turns shower knobs like she's opening a safe.
How she blows out candles— blows out candles— blows out candles— blows out candles— blows out candles— blows out…
Now, I just think about who else is kissing her.
I can’t breathe because he only kisses her once — he doesn’t care if it’s perfect!
I want her back so bad...
I leave the door unlocked.
I leave the lights on.
======================================================================
We rubbed balloons on our heads and stuck them to walls.
And kissing you is kinda like that: My hair stands on end, I get shocked when I touch things,
And I want to tell you STUPID stuff,
Like kissing you is a bundle of kittens colliding with my face at point five miles an hour.
It's like being shot by a dart gun made of hummingbirds that shoots darts made of hummingbirds.
And your lips are so soft I can't actually tell when we're touching,
Like braiding hair underwater.
Or napping under a blanket filled with rainbows and clouds and your favourite books.
When you kiss me the cartoon devil and angel on my shoulders climb into my ears, lick all my neurons and start fucking on my brain stem.
And if you were a 300 pound professional weight lifter and I were a Kia Sorento you could drag me ANYWHERE with your lips.
Kissing you in patience is impossible, like peeling paint off of a wall with glittery stickers; or cooking a turkey with a lighter.
You remind me of the time when in second grade Bethany Hobcurk called me a freak-face and stabbed me in the arm with a pencil,
'Cause kissing you is kinda like that:
Unhealthy,
And will probably end in disfigurement,
But baby, bring on the facial scars and lead poisoning.
'Cause when you kiss me you are dangling me off a bridge by my belt.
You are the screen door of my childhood, all teeth and swinging, so full of holes you can never keep anything in.
You are every black eye.
You are a semi truck, and I am a turtle with two broken legs and a broken heart.
You are illegal fireworks falling downstairs together,
driving on four flat tires,
playing frisbee at night with a saw blade.
Kissing you is like falling out of a 37 story window, exploding into a cloud of robins and reappearing on the ground with my mouth full of feathers.
And when I can't kiss you I try to find the static electricity in my apartment. I dig around in wall sockets, I change lightbulbs with my teeth and I make out with the toaster.
And I know we've only been seeing each other for a couple of weeks, but baby, when you kiss me, I can't remember my middle name or which one is my left foot.
So come over tonight. We'll shuffle around the apartment in our socks and we'll let our lips drift toward each other, like tectonic plates made out of kittens.
viernes, 23 de marzo de 2018
Do not go gentle into that good night - Dylan Thomas (1947)
Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.
Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.
Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.
Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.
Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.
And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Laocoonte y sus hijos
Ellas, con marcha firme, se lanzan hacia Laocoonte; primero se enroscan en los tiernos cuerpos de sus dos hijos, y rasgan a dentelladas sus miserables miembros; luego arrebatan al padre que, esgrimiendo un dardo, iba en auxilio de ellos, y lo sujetan con sus enormes anillos: ya ceñidas con dos vueltas alrededor de su cuerpo, y dos veces rodeado al cuello el escamoso lomo, todavía exceden por encima sus cabezas y sus erguidas cervices. Pugna con ambas manos Laocoonte por desatar aquellos nudos, mientras chorrea de sus vendas baba y negro veneno, y al propio tiempo eleva hasta los astros espantables clamores.
Virgilio, Eneida
Este formidable e imponente conjunto escultórico, ubicado en los museos vaticanos de Roma, es quizás una de las mejores muestras del dramatismo y perfección técnica de los escultores helénicos tempranos. Aunque su datación es controvertida, se le presupone realización alrededor del siglo II a.C., por varios escultores pertenecientes a la escuela de Rodas.
La pregunta es, quizás, evidente: ¿qué nos cuenta esta escultura? Con sus casi tres metros de altura, resulta imponente y no pasa desapercibida. La forma piramidal, que le aporta solidez y centra el peso en la mitad inferior, así como la ejecución espiral del cuerpo de Laocoonte, enmarcado por las figuras desproporcionadamente pequeñas de sus hijos (débiles y rotas, vencidas por las serpientes), nos cuenta una escena de dramatismo y muerte.
Pero, ¿quién es este hombre y sus hijos? ¿Por qué sufren este horrible castigo?
Laocoonte era hijo de Capis y hermano de Anquises, padre del héroe troyano Eneas. Era sacerdote del templo de Poseidón en Troya. Después de que los griegos abandonasen la ciudad dejando un caballo de madera a sus puertas, Laocoonte advirtió a sus habitantes que no lo metiesen dentro del recinto:
Temo a los griegos incluso cuando hacen regalos.
Virgilio, Eneida
El sacerdote, furioso arrojó su lanza contra el caballo y, en su desesperación, marchó a realizar un sacrificio a Atenea, pidiendo a su vuelta encontrar el caballo destruido.
Ésas son mentiras -gritó Laocoonte- y parecen inventadas por Odiseo. ¡No le creas Príamo! [...] Te ruego, señor, que me permitas sacrificar un toro a Poseidón. Cuando vuelva espero ver este caballo de madera reducido a cenizas.
Graves, Los mitos griegos
Sus ruegos no obtuvieron respuesta, y los troyanos cayeron en la infame trampa griega, convencidos y arengados por Sinón, un desertor griego que se había introducido entre sus filas.Abrieron un hueco en la muralla y dejaron entrar al fatídico presente.
Poco después de hacer Laocoonte su advertencia, dos enormes serpientes marinas llamadas Caribea y Peribea reptaron fuera del mar y atacaron a los hijos gemelos de Laocoonte, enroscándose alrededor de sus cuerpos y dándoles muerte. Laocoonte trató de salvar a sus hijos, pero corrió la misma suerte.
Hablamos, al final, de la justicia en su versión más pura, dura y simple. La obediencia máxima a los dioses bajo pena de muerte y sufrimiento. Esa justicia sencilla y recta que los griegos entendían y dominaba sus vidas y su arte permea hasta nuestros días.
Os dejo con la magistral versión de El Greco.
Nunca paréis de leer.
sábado, 3 de marzo de 2018
viernes, 2 de marzo de 2018
Mago y cristal - Stephen King
" Así pasamos por delante de los fantasmas que más adelante nos persiguen en la vida; los vemos, si es que llegamos a verlos por el rabillo del ojo, sentados sin el menor dramatismo al borde del camino como pobres pordioseros. Raras veces se nos pasa por la cabeza la idea de que nos hayan estado esperando allí. Pero ellos esperan y, cuando ya hemos pasado, recogen sus fardos de recuerdos y siguen nuestros pasos, acortando poco a poco la distancia que los separa de nosotros. "
Veleta
Por momentos, convulsiono
soy
una diosa griega drapeada de seda
porto espada de bruñido acero y doy muerte a los dragones.
Soy guerrera antigua, fuerte y alta, llevo
sobre los hombros el peso de mi mundo.
Convulsiono.
Soy una medusa fuera del agua,
blanda,
inútil,
soy una fruta podrida, un rincón
polvoriento y vacío.
Convulsiono.
Ven y reconponme.
soy
una diosa griega drapeada de seda
porto espada de bruñido acero y doy muerte a los dragones.
Soy guerrera antigua, fuerte y alta, llevo
sobre los hombros el peso de mi mundo.
Convulsiono.
Soy una medusa fuera del agua,
blanda,
inútil,
soy una fruta podrida, un rincón
polvoriento y vacío.
Convulsiono.
Ven y reconponme.
miércoles, 7 de febrero de 2018
Las manos de mi cariño
te están bordando una capa
con agremán de alhelíes
y con esclavina de agua.
Cuando fuiste novio mío,
por la primavera blanca,
los cascos de tu caballo
cuatro sollozos de plata.
La luna es un pozo chico,
las flores no valen nada,
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan,
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.
Lorca
sábado, 20 de enero de 2018
Nosotros que éramos perfectos.
Hacer tus maletas,
Decirnos adiós.
Guardar tus libros en bolsas de Ikea.
¿Qué hacemos con los regalos?
Quédate con los recuerdos, no los tires,
porque todo el universo está impregnado de tí
y lo que me has dado
no se puede tocar, está
flotando en el aire.
Lo que tú me has dado no lo puedo arrancar de las paredes y encerrar en el fondo de un cajón.
Ojalá pudiera.
Besarnos con los labios secos, buscar
tus manos y no encontrarlas.
Decirnos adiós.
Y, al volver a casa, el hueco acusador y acosador de tu alma.
Quién hubiera dicho
que nos pasaría esto
a mí, a tí,
a nosotros.
Nosotros que éramos perfectos.
Decirnos adiós.
Guardar tus libros en bolsas de Ikea.
¿Qué hacemos con los regalos?
Quédate con los recuerdos, no los tires,
porque todo el universo está impregnado de tí
y lo que me has dado
no se puede tocar, está
flotando en el aire.
Lo que tú me has dado no lo puedo arrancar de las paredes y encerrar en el fondo de un cajón.
Ojalá pudiera.
Besarnos con los labios secos, buscar
tus manos y no encontrarlas.
Decirnos adiós.
Y, al volver a casa, el hueco acusador y acosador de tu alma.
Quién hubiera dicho
que nos pasaría esto
a mí, a tí,
a nosotros.
Nosotros que éramos perfectos.
miércoles, 3 de enero de 2018
Un pequeño ejercicio de literatura Cyberpunk
1
Stephan suspiró y se frotó la frente con el
dorso de la mano. La bata blanca le rozó la piel y sintió las ya familiares
descargas eléctricas descendentes en un lado de la cara. La mierda de chips
liberadores de analgésicos que se había comprado para prevenir la migraña no
iban a hacer más que darle problemas.
Se levantó trabajosamente del sillón en el que
estaba apoltronado, dejando a un lado el informe médico que había escrito y revisado
más de una veintena de veces; seguía sin estar a gusto con el maldito papelajo,
y no sabía por qué. No saber cosas lo ponía nervioso. Cogió la gruesa carpeta
de seguimiento, la roja, y se la encajó bajo el esquelético brazo antes de
salir. Pronto necesitaría un codo nuevo.
Las suelas de goma de sus zapatillas deportivas
chirriaban contra el suelo de linóleo del pasillo del centro de investigación.
Las luces estaban apagadas, y Stephan se movía guiado por la tenue penumbra
amarillenta y sucia que se colaba por entre las rendijas de los filtros de aire,
aunque sobre todo por el profundo conocimiento que tenía de aquellos pasillos.
Giró a la izquierda en el control de
enfermería, cerrado a esas horas de la noche (los suplementos de melatonina
financiados por el gobierno para suplir la falta de sol eran algo normal en la
vida de la gente) y se encontró con la puerta del pasillo abierta. - ¿Qué
cojones? - dijo en voz alta, y dio un paso adelante. El corredor con las
habitaciones 1 a 40 se extendía ante él, bañado en su principio por una luz
amarilla sucia que emanaba de la habitación número 1. En las primeras 5
habitaciones colocaban a los sujetos más nuevos, aquellos que acababan de
entrar en el estudio. Los más complicados. Los que más tendencia tenían a arrancarse
los implantes y a pedir la eutanasia a gritos; esas cosas no eran buenas para
los nervios de Harra, la enfermera jefe; tampoco para los de Stephan, que a
veces hasta los perdía.
Corrió de vuelta al puesto de enfermeras y, en
un abrir y cerrar de ojos, se llenó los bolsillos de la bata con tres pares de
guantes, varios botes de solución alcohólica para desinfectar, algunos paquetes
de ese asqueroso hilo auto – anudable que acababa de desarrollar la Bayer (o la
Santa Madre Farmacéutica, como la llamaba Harra), dos pares de pinzas y una
mascarilla. Cuando llegó a la habitación, aún anudándosela, se paró en seco.
Doel, el estudiante de salud que pasaba con él las mañanas, estaba inclinado
sobre la cama del sujeto número 1 y le suturaba con manos torpes la herida de
la espinilla; esa maldita herida que, desde que se la abrió la segunda noche de
su estancia en el centro, no había parado de dar problemas. Stephan entró
bruscamente a la habitación
– ¿Se puede saber qué cojones estás haciendo? - interpeló al chico.
– Doc... doctor... se había abierto la herida otra vez, y... no – no
podía hacer que pa... pa... parase de san... sangrar, y... - cuando estaba
nervioso, el insulso pelirrojo tartamudeaba, lo que hacía que a Stephan le
pareciera aún más blando e inútil.
– Cállate. - atajó. Se dirigió hacia la cama y se colocó al lado del
sujeto, que miraba al techo con su ojo humano fijo, y el mecánico temblando
espasmódicamente en su cuenca inflamada.
Tenía sangre en las mejillas, trazos gruesos y
desvaídos que debían llevar allí varios días. Olía a mierda y a orina. El
implante del ojo tenía una pinta asquerosa, se dijo Stephan, cada día peor. Los
agarres se habían movido y había dejado tras de sí su rastro en forma de
incisiones profundas en la piel. Incluso en los superiores se podía intuir el
blanco desvaído del hueso frontal. Además, del ángulo lagrimal de la cuencia
artificial goteaba un pus azulado y apestoso; pero era demasiado azul. En ese
momento Stephan se dio cuenta de algo que lo hizo ponerse aún más nervioso:
quizás no era pus, sino una fuga del vítreo del ojo biónico. Si así era...
probablemente estuviera ya en el sistema nervioso, y el sujeto número 1 era ya
prácticamente pasto de los carros – horno. Lo que más le molestó a Stephan de
todo aquello era que al día siguiente tendría que aguantar a algún radiólogo
subido de tono para que le hiciera una resonancia magnética a aquel
desgraciado. Y además esa noche le tocaría anotarlo todo. Se inclinó sobre el
sujeto para ver de más cerca la pupila, y en ese momento el hijo de puta se
revolvió y fijó el ojo humano en Stephan. De su boca llena de costras no salió
más que un gorgoteo bien entendible:
– Máteme. - Stephan hizo una mueca de asco y se alejó unos centímetros.
– Que te calles, joder – fue toda su respuesta.
Suspiró y luego posó sus ojos en Doel, que
estaba terminando otra sutura terriblemente mal realizada. Salió de la
habitación arrastrando los pies y miró hacia el pasillo vacío a su izquierda.
Tenía que terminar la ronda antes de las cinco de la mañana, o ese día no iba a
dormir una puta mierda.
2
Meera abre la puerta de su apartamento con la
mano derecha e ignora, por última vez, la corriente de dolor que le sube hasta
la escápula. Traspasa el umbral y cierra a su espalda con una patada distraida;
los pistones mal engrasados del tobillo metálico de su prótesis chirrían;
Stephan le había dicho mil veces que tenía que llamar a un técnico y no hacer
esos movimientos tan forzados. Se acerca arrastrando los pies hasta el sofá de
cuero, soltando en el camino la bolsa que lleva colgada a la espalda. El
ordenador integrado de la casa le da la bienvenida por medio de una transmisión
aterciopelada directa a su oído, como el susurro de un amante: buenas noches,
señorita Vanhaecke. Meera da un respingo y escupe: ¡joder! Siempre igual. - Se
recuesta de nuevo en el sofá y se pregunta por qué encargó el aparato en un
primero momento. Una vocecilla en su cabeza le responde, pero esta vez es un
eco de sí misma, no un mensaje pregrabado de bienvenida: porque te limpia la casa,
puta. Si no fuera por el aparato estarías nadando en mugre.
La muchacha abre los ojos, sobresaltada. Apenas
queda ruido en la calle y la luz es mortecina. Se ha quedado dormida en el
sofá. Encendió la pantalla de su E-life con un toque del dedo índice de la mano
izquierda, y se quedó mirando aquel recuadro verde encastrado en su antebrazo.
Las dos y cuarto de la madrugada, mierda. Mañana le va a doler la espalda. Se
despega trabajosamente del sofá, con un nuevo y repetitivo chirrido de protesta
del tobillo, y se dirige hacia la cama arrastrando los pies. El E-life vibra
con timidez: tienes un mensaje.
-
¿Pero qué cojones? – dice en voz
alta mientras se sienta en la cama y se quita los zapatos con el pie contrario.
-
Meera Vanhaecke, tiene un mensaje
de – aquí se produce un cambio de voz que a Meera siempre le resulta cómico –
Stephan Daral.
Acto seguido aparece la cara de Stephan en su
pantalla, formada por una matriz de líneas verdes y azules (a Stephan le había
resultado divertidísimo configurarse a sí mismo con uno de esos temas prefabricados
que se podían descargar de la E-tienda por el módico precio de 500 bitcoins, y
aquel era el resultado), y suena su voz:
-
Meera, cariño, esta noche tampoco
voy a poder ir a dormir a casa. Lo siento. Me han encargado un informe médico
más largo que su puta madre y va a ser imposible terminarlo antes de la ronda
nocturna. Intentaré llegar lo antes posible después del cambio de turno, ¿vale?
Te quiero.
Un pitido, y luego silencio. Meera sacude la
cabeza y siente formarse el ya familiar nudo en la base del cuello. Se pregunta
si tendrá cáncer de tiroides, o será la jodida depresión. Se echa en la cama aún
con la ropa del trabajo puesta, y se duerme casi al instante.
martes, 19 de abril de 2016
El Jardín de las Delicias [Quinta parte: tabla derecha]
Tabla derecha: el infierno musical
En la última tabla del tríptico nos encontramos en un mundo de pesadilla, una realidad violenta, con una cualidad onírica y oscura que contrasta con los paisajes anteriores. Ahora sí, la humanidad sufre un sinnúmero de horrores y torturas, como castigo a los pecados cometidos: hombres que son devorados por animales enormes, son enredados y empalados en instrumentos musicales, se ahogan... Se conoce como el infierno musical, debido precisamente a la gran cantidad de instrumentos musicales que aparecen representados. La música es una referencia sutil pero repetida en toda la composición, que posiblemente alude al pecado de la lujuria: sería una crítica a los músicos ambulantes que frecuentemente visitaban las tabernas y animaban al libertinaje con sus canciones obscenas, a la "música de la carne" (expresión que quería decir hacer el amor), etc.
En el tercio superior, enormes construcciones y edificios arden y hasta explotan. Se trata de una atmósfera enteramente demoníaca y opresiva. Posiblemente se trate de una referencia a un episodio que el pintor presenció siendo niño, cuando su pueblo fue pasto de las llamas, ya que estas escenas de ciudades que arden aparecen en otras obras del pintor.
En el tercio medio de la composición se sitúa el punto focal de la misma, análogo a la fuente de la vida en la tabla central: es la misteriosa figura con cabeza humana y patas de árbol; conocido en general como el hombre - árbol. Se trata de una gran cabeza humana que mira apaciblemente al espectador; sobre su cabeza hay un disco sobre el que bailan algunos seres fantásticos y una enorme gaita. Su cuerpo parece un gran huevo roto lleno de más figuras, y sus patas son gruesos troncos de árboles que descansan sobre barcas que, a su vez, navegan sobre un lago.
El Bosco diseñó a su vez un dibujo accesorio de este hombre (que ahora se encuentra en la galería Albertina de Viena).
El significado de esta figura está aún por descubrir enteramente. Algunos interpretan que se trataría del propio pintor, volviendo la cara a contemplar con tristeza la disolución de su propio cuerpo, o quizás a cruzar una mirada con el espectador. En una de sus patas vemos una venda atada: podría pretender tapar una llaga provocada por la sífilis. A pesar de que aún esté envuelto en misterio, es claramente el momento figurativo cumbre de la composición, y nunca el Bosco había elaborado una figura tan intensa que reflejara de tal modo la cualidad irreal y metamorfoseada de un sueño. Según Tolnay, el infierno que vemos sería producto de una pesadilla de un pequeño personaje apoyado en el borde del cuerpo del hombre - árbol, quizás el propio pintor:
La gaita que descansa sobre el disco en la cabeza del hombre - árbol parece ser, según los estudiosos, una referencia a la sexualidad femenina (Dirk Bax). Asimismo, las dos orejas y el cuchillo que aparecen a la izquierda podrían ser una referencia a los genitales masculinos. Tolnay en cambio considera que las orejas atravesadas por la flecha son el emblema de la infelicidad, o bien de la sordera frente a la palabra evangélica.
Si miramos con atención, en los dos enormes cuchillos aparece grabada una letra "M". Tolnay interpretó esta letra como inicial de "Mundus", signo de universalidad puesto al emblema masculino... aunque otros autores han arrojado interpretaciones mucho más mundanas: la firma de Jan Mandyn o de Jan Mostaert o de un cuchillero de Hertogenbosch.
Bajo las patas del hombre - árbol vemos un lago helado por el que intentan transitar unos hombres; uno de ellos resbala, montado sobre un enorme patín, hacia un hueco enorme en el cual otro hombre ya lucha por no ahogarse. Esta escena refleja una antigua expresión holandesa, de significado similar a "caminar sobre hielo quebradizo": encontrarse en una situación precaria y peligrosa.
En el tercio inferior (y salpicando zonas del tercio medio) vemos la mayor concentración de figuras. Aquí el tema es evidente: los hombres son castigados por sus pecados siguiendo la ley de las correspondencias (son castigados de una forma acorde al pecado que han cometido).
Nos llaman la atención dos elementos de gran tamaño. Uno de ellos es el gran pájaro azul, sentado sobre un trono, que devora personas y luego las defeca en un pozo ya poblado por otras personas. En este pozo, un hombre inclinado vomita y otro expele monedas por el trasero. Literalmente.
Este monstruo sería, muy probablemente, Satanás devorando a los condenados.
El otro elemento que llama la atención son los enormes instrumentos musicales en torno a los cuales los hombres son torturados y martirizados. Las dimensiones enormes de estos objetos cotidianos, equivalentes a los grandes pájaros de la tabla central, no hacen sino acentuar el dramatismo de la escena.
El resto de la escena está plagado, como ya hemos dicho, de pecadores siendo castigados según la ley de las correspondencias (a cada cual un castigo acorde a su pecado). Curiosamente, podemos encontrar (aplicando para ello más o menos imaginación) referencias a casi todos los pecados:
| Avaricia |
| Gula |
| Envidia |
| Soberbia |
| Pereza |
| Ira |
| Lujuria |
La lujuria, de nuevo merece especial mención. El detalle mostrado arriba no es más que uno de los múltiples ejemplos de este pecado que aparecen en la tabla. De hecho en el medievo se entendía la lujuria como la madre de todos los pecados, es por ello por lo que parece que todo gira alrededor de ella en la composición. En el detalle que hemos mostrado, una marrana amorosa trata de persuadir al hombre de firmar el documento legal que hay sobre su regazo. Él podría ser un monje, ya que la marrana lleva sobre la cabeza un tocado de beata, y a la izquierda de ambos espera un monstruo con casco de armadura de cuyo pico cuelga un tintero. Para algunos autores, estaríamos ante una escena de lascivia. Otros ven una crítica mordaz a la avaricia del clero. Combe, sin embargo, ve en esta escena un pacto con el diablo: un hombre es obligado a firmar el pacto por un brujo con cabeza de cerdo y toca de monja y por un sapo armado.
Además, no deja de resultar curiosa la representación del suplicio del iracundo. El hombre, clavado en una tabla y atravesado por puñales, está siendo castigado tras una pelea entre jugadores (vemos múltiples referencias al juego y a las tabernas: cartas, dados, etc.) A la espalda del monstruo que martiriza al iracundo, en medio de un escudo azul, vemos la mano que bendice atravesada por un puñal; se trataría, según Combe, de la caridad de cristo aniquilada por los pecadores.
Otra escena interesante, la última en la que me detendré, es la protagonizada por una especie de monje y un hombre de espaldas en cuyas nalgas se está escribiendo una partitura musical.
El ser vestido con túnica rosada que está "transcribiendo" la partitura en las nalgas del pobre pecador infeliz es un monje (se distingue por sus atributos). De nuevo vemos una curiosa fusión entre la música, la lujuria y el castigo al pecado. Esta partitura ha sido transcrita a notación moderna (suponiendo que estuviera en tono de Do, que era lo habitual en los cantos de esta época) e interpretada en piano.
Hasta aquí llega mi análisis de la pintura, no por haberla desgranado ya en su totalidad sino por no tener yo más conocimiento. Invito a seguir observando el cuadro con detenimiento, y a terminar esta lectura con la inquietante música de las nalgas del pecador:
Y la versión coral:
Nada más por mi parte. Por supuesto bienvenidas las correcciones, puntualizaciones y sugerencias. ¡Gracias por leerme!
FUENTES
Walter Bosing - El Bosco: obra completa
Wilhelm Fraenger - Hyeronymus Bosch. Das Tausendjährige Reich. Grundzüge
einer Auslegung (1947)
https://es.wikipedia.org/wiki/El_jard%C3%ADn_de_las_delicias
https://es.wikipedia.org/wiki/Hieronymus_Bosch
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