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lunes, 21 de septiembre de 2020

Recuerdos

Te fuiste de casa un viernes diecinueve de enero de dos mil dieciocho, exactamente seis años, seis meses y diecinueve días después de conocerte. Desde entonces no hemos intercambiado palabra, pero sigo acordándome de tí. 

No te quiero, por supuesto que no te quiero, dejé de quererte muchos meses antes de que escapases por la puerta de atrás, es tan evidente que me avergüenza tener que aclararlo. Pero salimos de la adolescencia juntos, experimentamos esa rarísima transmutación de ser estudiantes con beca y cervezas de fin de semana a pasar a ser adultos funcionales con trabajo, piso y oposiciones, te sujeté y te levanté y te salvé de la locura, todo eso lo hicimos juntos, y eso no se olvida fácilmente. 

Así, esta noche fresca de finales de septiembre, sentada en la terraza de mi nuevo piso, de mi nueva vida y de mi nueva yo, con un libro entre las manos y mirando de reojo al amor de mi vida, paladeo esta amarga y absurda culpa por no haberme olvidado absolutamente de tí; esta culpa irreal, como si pudiese entrar en el registro de mi memoria y eliminar todo rastro de tu existencia. A veces lo deseo con fuerza. 

No puedo dejar de recordarte porque me tropiezo con las cicatrices que me dejaste todos los días. Es curioso, cómo las abuelas identifican sus heridas con arreglo al tipo de dolor que les evocan: "me duele la rodilla de la artrosis, debe ser que va a llover" o "me escuece la cicatriz de la vesícula, eso es que viene ya el otoño". Pues de igual manera te siento algunos domingos por la tarde. Pienso en tí cada vez que lloro, cada vez que la imagen que me escupe el espejo está al revés y deformada, cada vez que recuerdo aquellos meses oscuros en los que no salía de casa para nada que no fuese trabajar, cada vez que mi mente me juega malas pasadas, cada vez que estoy de mal humor (con o sin razón, me viene a la cabeza cuando me hacías la luz de gas)... Y, curiosamente, cada vez que leo un libro. 

Sí, cada vez que leo un libro o escribo poesía (o cualquier cosa). Me dejaste un legado muy dispar y muy doloroso. Al principio, escribir poemas e ir a los certámenes a leer era casi un acto subversivo, un corte de mangas a distancia destinado especialmente para ti. Recitar frente a aquellos micrófonos con olor a cerveza era un placer maravilloso potenciado aún más por la sensación de saberme haciendo algo que tú habrías odiado porque nunca supiste hacer. Con el paso de los meses dejé de necesitarlo, pero conservo aún la rabia latente de sentir que mi corte de mangas nunca te llegó, que nunca me escuchaste. Hoy, me queda sólo el dolor mínimo pero continuo, cada vez que paso una página, de volver a un terreno común. De estar haciendo algo que hacía contigo. Se me arruga la nariz al pensarlo y me da casi repugnancia. Podría sentir esta misma sensación cada vez que tomo café o que duermo una siesta (cosas que también compartíamos), pero no es así porque tal y como una vez te describió mi madre: "ese muchacho sólo sabía hacer una cosa en la vida: leer". 

jueves, 20 de junio de 2019

"Con sutura" - el vídeo cómico de los residentes de Urología del HUCA

Me voy a permitir hacer una pequeña reflexión sobre el vídeo cómico que han hecho unos residentes del Hospital Universitario Central de Asturias, que desde hace unos días está causando revuelvo en la comunidad médica.

El vídeo en cuestión es este:


https://www.youtube.com/watch?v=MLy6zQ5Vv2Q


Se trata de una versión humorística de una canción actual, que ha suscitado denuncia por parte de la Asociación de Usuarios de la Sanidad Pública del Principado de Asturias (ASENCRO). No he encontrado como tal una página web oficial, pero en su página de Facebook se puede hacer una una idea muy aproximada de lo que son.


Vaya por delante que a mí el vídeo me parece feo y con poca gracia. Y que mi opinión es mía y de nadie más. Dicho esto, ahí voy:


1. EL VÍDEO (Inserte aquí risa malévola, música de drama, niños llorando y explosiones).

En el vídeo, no aparece por supuesto ningún paciente. Tampoco se ve con claridad que se esté haciendo un mal uso de las instalaciones del centro (todo depende de qué entendamos por mal uso, pero no parece que hayan dañado ni estropeado ninguna instalación), ni del material (llevan sus uniformes, y es cierto que emplean sábanas, gorros y mascarillas, que es material desechable/reutilizable que está en los pasillos a disposición de cualquiera).

El lenguaje del vídeo es coloquial, es argot NORMAL Y CORRIENTE. Las frases que quizás llamen más la atención sean, por orden de aparición en el vídeo: "nunca había sondado ninguna churra", "es para las viejas que se mean", "este tio va pa la sepultura" y "en urgencias no palpamos huevos".

De hecho, citando textualmente el comunicado, "dejarles claro que minga, huevos y resto de lindezas no se usan dentro del espacio público que es el HUCA". Novedad: ahora las normas de uso del lenguaje dentro del hospital también las dictan los pacientes.


2. LA ASOCIACIÓN (inserte aquí a Maud Flanders diciendo: "¿¿es que nadie piensa nunca en los niños??")
https://es.wikipedia.org/wiki/Susana_P%C3%A9rez-Alonso

ASENCRO es una asociación sin subvenciones de ningún tipo, que ejerce su labor sin retribución económica y realiza labores voluntarias, así como cede aparatos médicos y otros bienes a la sanidad asturiana. Es algo así como un defensor del paciente, pero sin ánimo de lucro, por resumir.

Como no he encontrado un sitio web, sino sólo una página de Facebook, no puedo remitirme a sus estatutos. Su frase introductoria es "SANIDAD PUBLICA: TU LA PAGAS, TU LA USAS, DEFIENDE TUS DERECHOS... PAGINA EN DEFENSA DE LA SANIDAD PUBLICA Y DE LOS DERECHOS DE LOS USUARIOS Y ENFERMOS".

(Algún día podríamos hablar de los DEBERES de los enfermos, ¿no?)


Lo dicho, como no puedo dar datos oficiales, he buscado algunas de las últimas actuaciones mediáticas de ASENCRO. Para muestra, un botón:

[Recuerdan] al Sindicato Médico que «nosotros, los ciudadanos, les pagamos sus sueldos, peonadas, complementos y guardias». Y añade: «Hablar de sueldos dignos comparándolos con los de la ciudadanía en este momento, hablar casi de esclavitud, nos parece, como mínimo, fuera de lugar».

(El contexto: una protesta de ASENCRO por una huelga médica convocada en Asturias en 2012. Ya no sólo no tenemos derecho a reírnos, sino tampoco a hacer huelga). https://www.lne.es/…/asociacion-usuarios-pide-…/1333992.html


En su página de Facebook hay muchísimas publicaciones estos últimos días sobre el vídeo, muy variopintas. Muchas de ellas citan de forma muy romántica el juramento hipocrático. Yo personalmente, que me he formado especialmente en biotética, creo que ASENCRO necesita urgentemente formación especializada en dicha materia. El juramento hipocrático quedó desfasado allá por los años 70, cuando se inició la corriente "autonomista" del paciente. El citado juramento es extremadamente paternalista, casi tanto como la actitud de ASENCRO para con los médicos.

Hay una carta, titulada con toda precisión "Berridos", de la directora de ASENCRO, en la que se queja de la forma en que se llama a los pacientes en las salas de espera (a berridos).

" Es corrupción el mal desempeño de la función encomendada, pervirtiendo ese cometido en y soy el que manda y tu a mí no me puedes decir nada, o te mando al rincón… Se acentúa ese comportamiento moralmente corrupto cuando se trata de establecimientos sanitarios. Ahí, las personas no es que vean sus derechos pisoteados, que también, ahí habitualmente los cedemos de manera mansa por miedo. "
https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/30382/berridos.html

Como si los médicos fuésemos torturadores. A ver si esta señora no ha entrado a un hospital asturiano, sino a un sanatorio inglés del siglo 17. Querría decirle que yo, como médica, ojalá tuviese un sistema electrónico para llamar a los pacientes y mantener su anonimato. Que de hecho cuando estoy de guardia de noche y no hay mucha afluencia, suelo acercarme a los enfermos y preguntarles en voz baja, para no gritar su nombre. Esta mujer ha debido tener alguna experiencia horrenda con algún médico, y lo vierte sobre todos los demás. Cómo lo siento.

Una publicación reciente sobre el vídeo: "Ya han tenido suficiente castigo con un país entero conociendo lo sucedido". ¿Huelo culpabilidad? ¿Cubrirse las espaldas ante una posible demanda por injurias o calumnias por parte de la OMC? Porque si ellos pueden jugar a denunciar día sí y día también, nosotros también podemos. No quedaría títere con cabeza si nos ponemos a ello.


Me resumo: ¿idiotez supina? ¿falta de interés por informarse? ¿odio al médico, por motivos personales o desconocidos? ¿querulancia patológica? ¿o todo junto? Juzguen ustedes.


3. LA REFLEXIÓN

El vídeo, como he dicho, es tela de feo y tiene muy poca gracia.

Pero me parece extremadamente serio que vivamos en una sociedad tan mojigata e histérica, que no sea capaz de escuchar las palabras churra o huevo sin echarse las manos a la cabeza. Los propios pacientes vienen a urgencias diciendo que "les duele un huevo, les ha salido una cosa en la punta de la churra". Y lo de las viejas, ¿si dijésemos "las viejitas que se hacen pis", nos parecería menos mal? Por favor, que alguien me explique por qué este lenguaje es ofensivo y a quién falta al respecto exactamente. Según el comunicado de ASENCRO, el vídeo constituye un "escarnio" para los pacientes. Estaría bien que explicasen por qué, ya que estamos hablando de TÉRMINOS COLOQUIALES. En el propio comunicado se dice que "huevo no es una expresión médica aceptable"; quizás, estos chavales estaban intentando hacer una expresión INFORMAL, no estaban elaborando un vídeo divulgativo.

No me cabe en la cabeza que el "escarnio" resida en nada más que en el lenguaje porque, como ya he dicho, en el vídeo no aparecen pacientes ni se están empleando ni dañando espacios del hospital, y los materiales que se emplean son los uniformes de los residentes, unos gorros y mascarillas quirúrgicas y unas sábanas verdes de quirófano lavables. Por favor, que expliquen dónde está el escarnio y la falta de respeto.

Quizás el centro de toda mi reflexión sea el siguiente: los médicos somos algo más que médicos. Cuando nos vamos a nuestra casa, dejamos de serlo, y podemos fumar, estar gordas, tener depresión, nos puede gustar apalear gatos o hacer cuadros en óleo con mierda. Entiéndase la ironía. No nos pueden, y no lo conseguirán, no nos pueden pedir la perfección moral en todo momento. Estamos hablando de chavales que, desde que tienen 16 años, están estudiando hasta 14 y 16 horas diarias (mi caso), para luego entrar con 18 en una carrera EXTREMADAMENTE DURA, que tardan 6 años en terminar en el mejor de los casos. Entre los 18 y los 24, la mayoría de chavales están de fiesta, haciendo viajes, o estudiando su carrera que, por supuesto, con 21 o 22 han terminado. Nosotros, no. Nosotros terminamos y nos metemos en una oposición extremadamente dura (no por el ratio de opositor / plaza, sino porque el temario es LITERALMENTE INFINITO). Estamos un año más estudiando para esto (ya van por 7), y luego empezamos un periodo de especialización que es DURÍSIMO, y que dura 4 - 5 años, en el que tenemos mucha responsabilidad y una enorme cantidad de obligaciones más allá de ejercer una atención médica todo lo impecable que nuestra inexperiencia nos permite (cursos, congresos, talleres de formación, escribir artículos, puntuar para la bolsa, hacer guardias). El periodo de formación de un médico dura 10 años o más. Para abreviar: hemos dedicado nuestra vida al servicio del paciente, y hemos dedicado (aunque a veces me pregunto si no hemos desperdiciado) nuestra juventud para ayudar a las personas.

Nos vemos con 25 años a las 3 de la mañana en una puerta de urgencias con la vida de una persona en nuestras manos. No estamos preparados para ello. Nunca se está preparado para ello, aunque se pasen 40 años de profesión. Y los pacientes se nos mueren, y nos llevamos a casa las caras y los nombres, y la enfermedad, y la mirada que nos echaron, y a veces hasta se nos queda en la memoria el número de historia. Esto NADIE que no haya pasado por eso lo va a entender, y no lo pretendo. A lo que voy, es que o buscamos salidas cómicas, o nos relajamos, o NOS VOLVEMOS LOCOS. O salimos con compañeros y amigos médicos y hablamos de "la loca que ví el otro día en la Urgencia" o "no veas qué paciente más pesado tuve el otro día", o nos suicidaríamos todos. La carga emocional de esta profesión es, en ocasiones, insoportable.

No nos pueden pedir la perfección moral, ni tampoco nos pueden dictar nuestros valores morales. Sólo faltaría. Bastante tenemos con aguantar malas caras por parte de los pacientes, insultos, incluso agresiones físicas, comentarios TODOS LOS DÍAS del tipo "niña, chist, chist, niña, ¿el médico cuando viene?" o "tú haces lo que yo te diga, que tu sueldo lo pagan mis impuestos" (cosa que no es cierta, y además me sorprende: a los bomberos o a los policías no les pedimos esto, ni a los funcionarios de la administración. En fin).

Por supuesto, y muchos pensarán cuando me lean, que los médicos somos un colectivo privilegiado y estamos protegidos por el corporativismo. Ante lo primero, lo suscribo: somos un colectivo privilegiado desde el punto de vista de la SALUD. Yo estoy en mi casa con fiebre y vómitos, y conozco los signos de alarma, y sé que no tengo que ir a urgencias. Y se me pasa. Y me duele la cabeza, y sé qué tomarme, y se me pasa. No tengo que pasar por la incertidumbre, el miedo, ni largas horas en urgencias esperando que el médico me vea.

Sin embargo, mi sueldo base sobrepasa por poco los 1000 euros. Sí, han leído bien, con el 24 % de IRPF que pago, se queda en unos 900 y algo. Mi hora de trabajo se paga a unos 8 - 9 euros. A una amiga que viene a limpiar a mi casa le pago un poco más. Por supuesto que haciendo guardias se eleva, pero por supuesto aquí no voy a denunciar el absurdo y la barbarie de la guardia médica, porque este texto va destinado a aquellos que no son médicos, y cualquiera que no haya pasado por una guardia o por un saliente, no lo va a entender. Por tanto, resumiendo, quizás desde el punto de vista salarial no seamos tan privilegiados. Y cuando queráis hablamos de los horarios de trabajo, y de los salientes.

Y sobre el corporativismo, maravillosa suerte que lo tenemos. Quizás en ASENCRO no hayan tenido tiempo de leerse el código deontológico, pero en él figura que el acto médico es un CONTRATO DE MEDIOS, NO UN CONTRATO DE RESULTADOS. Esto quiere decir que yo me comprometo a poner en marcha todos los procedimientos tanto diagnósticos como terapéuticos que estén en mi mano, en su más alto nivel, para perseguir la curación o mejoría, pero NO PUEDO y NO DEBO comprometerme a los resultados. Por suerte, contamos con colegios médicos y una legislación que nos protege. Si se nos aplicase la misma ley que a un fontanero o a un carpintero, condenaríamos con la misma fiereza una inundación doméstica que una negligencia médica. Creo que el absurdo está claro.

La condena no puede jamás ser proporcional al daño causado, ya que por ello cualquier médico cuya actuación culposa derive en la muerte de un paciente, debería también ser condenado a muerte. Ya son las condenas por negligencia extremadamente duras, ¿no? ¿O queremos reinstaurar la ley del Talión, o la pena de muerte?

ASENCRO ha pedido a las administraciones sanitarias que "tomen medidas". No cargan contra los residentes directamente, aunque los atacan en todas sus intervenciones. Cobardía, quizás. En una publicación reciente en su página de Facebook dicen "no queremos que los despidan". ¿Entonces qué quieren, señores? ¿A qué tipo de medidas se refieren? Sean valientes, al menos, y ejerzan su caza de brujas tal y como pretenden, sin amenazas veladas ni paternalismo.

En fin, por concluir: mientras el "corporativismo salvaje" nos protege, y menos mal, porque nadie más nos protege en esta sociedad, sólo nosotros mismos; mientras el corporativismo salvaje nos protege de las soflamas de "ofendiditos" hay tiempo de escarniar, descabezar, injuriar e insultar a unos chavales que están ahí por vocación y que lo único que querían era dar un poco de humor a una profesión tan dura como esta.

A los resis, todo mi ánimo y apoyo.

Y a ASENCRO, y a la sociedad en general, a los pacientes, una advertencia: no mordáis la mano que os da las medicinas. Que somos vocacionales, no somos tontos. Que a este paso vais a conseguir aniquilar la vocación de los nuevos médicos en menos de seis meses, a base de convertir cada acto médico en una pelea y en un momento de peligro para el profesional. Nosotros podremos reaccionar haciendo medicina defensiva o teniendo un guardia de seguridad o una cámara de grabación en cada consulta, pero los que más vais a perder sois los pacientes. Vais a perder al médico que se acerca y os coge la mano porque tiene miedo de que le soltéis un bofetón, y al médico que os da un consejo con empatía y cariño, como si fuéseis su padre/abuelo, por miedo a que le deis la vuelta y le denunciéis. Y podría seguir.


Dejadnos en paz de una vez. Ya está bien. Ya vale.




EL COMUNICADO ÍNTEGRO: https://www.lne.es/…/viejas-mean-huevos-sonda…/2488815.html…

domingo, 17 de junio de 2018

Ryanair: low expectations, made simple.

Me sorprendo a miles de metros de altura
hablando de nuevo de tu perfil cincelado,
de tus manos morenas,
de tus ojos,
del complejo ovillo de lana que forman tus rizos, tus miedos, tu inseguridad, tu dulzura,
de tu dedo meñique.
de tu amor por la música,
de ti.
De cómo te has convertido con el paso de los años en un cofre inexpugnable cerrado con siete candados,
y de cómo no descansaré hasta abrirlos
o hasta que al cofre le salgan patas y se escape corriendo por el pasillo
y yo me quede aquí.
Sola, sin más que hacer que lamentarme
por todas las flores muertas, los regalos sin venir a cuento que nunca intercambiaremos, las tardes pasadas a media luz en mi cama que nunca volverán a repetirse, todas las veces que no te devolveré a casa de noche en mi coche antiguo y ya no cantaremos juntos, todos los besos que nunca más me vas a dar, los conciertos a los que no iremos, y no podrás reírte de que me he tomado una cerveza de más, ese viaje a Dublín que nunca vamos a hacer juntos, todo;
Y lo cocinaré todo en los fuegos del infierno y me lo tragaré todo de un bocado, y quedará para siempre en mi estómago el peso de las cosas que nunca hicimos.
Me dices que tienes miedo de permitirte amarme porque no me quieres hacer daño,
y yo me muerdo las mejillas para no gritarte
que no puede haber nada más yermo que esto,
nada peor que amar a alguien que no te corresponde,
y mírame, aquí sigo, sonriendo.
En su lugar, te digo
que he superado cosas peores, que me han roto el corazón y he conseguido recomponerlo y amar de nuevo, que salí del infierno así que saldré de ti, quizás algo despeinada y con algún arañazo, pero saldré, y volveré a amar, y volveré a intentarlo, y seguramente volveré a cometer los mismos errores.
Porque yo misma soy un error, un conjunto deforme de taras y carencias, un bulto en el espejo.
Porque sí, quizás sea cierto, quizás me olvide de tus manos, de tus ojos imposibles, de tus largos fémures y de tu voz redoblada, quizás me olvide de las salas de conciertos, de compartir palomitas contigo, de aquel fin de semana en Edimburgo, de las tardes en mi cama, del tacto de tu piel, quizás, pero joder, qué aburrida va a ser la vida una vez que te hayas ido.

Y por qué, maldito corazón angustiado, dime por qué mis manos sólo dibujan miserias y manchas negras. Por qué te miro y parece que ya te estás marchando. Por qué mi estómago me pide escribir sobre tu pérdida, aunque aún puedo besarte cuando quiera, por qué este corazón vacío y anhelante de ti no emana más que tóxica impaciencia, por qué todos los poemas suenan a despedida.

Quizás sea porque cada día me dices adiós un poquito, aunque tú no te des ni cuenta.
O quizás realmente no pase nada, que a veces todo es tan normal, y al final te asustaré y haré que te marches usando estas manos llenas de ventosas, y esta boca llena de preguntas.

domingo, 20 de mayo de 2018

En esta peligrosa mañana de domingo, me miro al espejo y veo a una chica guapa.
Veo veinticinco años, veo las ojeras y la cicatriz sobre mi labio, y veo también el cabello negro y brillante, desordenado, inocente, veo los ojos marrón cálido y la sonrisa plácida. Veo el exceso bajo la barbilla y las arrugas en la frente, pero también la nariz fina y la frente alta. Veo una cara agradable.

Es fácil alcanzar la paz cuando El Maravilloso Hombre Inseguro te dice continuamente que eres hermosa. Cuando usa la palabra "guapa" casi como una interjección o una sustitución de tu propio nombre: "guapa, ¿cómo estás?", "buenos días, guapa", "que descanses mucho, guapísima", y otros tantos. Como unas diez o doce veces diarias. Lo nunca visto, joder.

Sonrío.

Por fin.

Giro la cabeza y, oh, mierda, ahí está. La versión en miniatura de mí, retorcida y malévola, sentada en mi hombro balanceando los pies. Me mira y dice con su voz hiperaguda y chirriante: "¡no eres guapa, estás GORDA!". Y se echa a reír como una maldita psicópata en miniatura. Pongo los ojos en blanco tan fuerte que me hago cosquillas en el cerebro con mis propias pestañas, y la lanzo al otro extremo de la habitación distraídamente. Ojalá se haya espachurrado contra la pared y se haya muerto, la maldita. Me entra la risa al imaginar un mosquito aplastado contra la luna de un coche. Pero no ha habido suerte. La siento escalar por mi espalda con sus garras en miniatura, perseverante, inasequible al desaliento, incluso la muy perra aprovecha para morderme mientras asciende. Y, finalmente, se vuelve a sentar en mi hombro, se pone de pie y pega su nauseabunda boca a mi oreja derecha, y empieza a hablar con su voz bitonal y estrafalaria: "¿no te das cuenta? ¡Sólo te dice guapa porque no se acuerda de cómo te llamas! Es una fórmula de cortesía. ¿O acaso creías que lo pensaba de verdad?" Le entra la risa, y se cae hacia atrás sobre mi hombro soltando carcajadas. Suelto un resoplido y, antes de poder volver a intentar asesinarla, está hablando de nuevo: "¡tanto que te miras al espejo! ¿Acaso no te has visto? ¡Eres REPUGNANTE! ¡Tu familia se ríe de tí! ¡Tu antiguo novio te dejó porque estás gorda, y se aseguró de decírtelo bien claro! ¡Todo el mundo te mira cuando vas por la calle!". De nuevo le entra la risa. Me cabreo. Me está tocando las narices. La cojo de la cabeza entre mis dedos índice y pulgar, apretando fuerte en sus orejas, y la levanto delante de mis ojos. Patalea desesperada y agita sus diminutos puños sucios frente a mi cara. Balbucea algo así como: "¡te voy a machacar! ¡abusona!". Ahora soy yo la que se ríe.

La dejo en el suelo con cuidado, aunque sujetándola con el dedo índice para que no se escape. Coloco mi pie sobre ella y la piso, aprieto, la crujo, siendo su cráneo romperse en mil pedacitos bajo mi zapato. Algo gelatinoso se escapa por los lados. Ahora sí que parece un mosquito aplastado.

Suspiro, relajo los hombros. Volverá dentro de un rato, pero al menos tendré unos momentos de paz. Una pequeña victoria.

Suena mi móvil. Un mensaje de texto, por supuesto, del Maravilloso Hombre Inseguro, cómo no. Sólo contiene una palabra: "guapa".

sábado, 12 de mayo de 2018

Hermana, yo sí te creo

Sábado, 12 de mayo, 4:45 de la madrugada, Málaga. 
Vuelvo a casa. 
¡Vaya horas!, pensaréis, ¿dónde va una mujer sola a las cinco de la mañana un sábado? Si es que lo van pidiendo... 
Salgo de trabajar. Desde el viernes a las 8:00 de la mañana, cuando me puse la bata y el fonendo al cuello y empecé la jornada, hasta ahora, han pasado 20 horas y más de cincuenta pacientes. Salgo por la puerta de urgencias con la mochila al hombro y aún con el pijama blanco puesto, con su tímido toque de color en forma de escudo verde del Servicio Andaluz de Salud, porque hoy no he tenido fuerzas para quitarme el uniforme. 

Me duelen las piernas, los tobillos, la espalda, me duele la cabeza, estoy algo acatarrada y no he parado de toser en todo el día. Estoy deshidratada, llevo seis o siete horas sin beber agua. Al menos hoy he podido cenar algo. Estoy rendida, agotada, vapuleada. Soy una sombra. 

Voy pensando en ellos, como siempre. Voy pensando en los pacientes, en sus caras, en sus dolores y en sus analíticas catastróficas, rezando por no haber cometido muchos errores esta noche y por haber ayudado, al menos, a uno de ellos. Sí, rezando, porque cuando se trabajan veinte horas seguidas, el cometer o no errores depende casi únicamente de cómo de fuerte seas capaz de rezar. 

Subo la calle arrastrando los pies, giro a la derecha y veo la esquina de mi casa de lejos. Por suerte, vivo cerca del hospital. Apenas hay trescientos metros de calle, pero encuentro en mi camino un muro. Un grupo de personas, al principio me parecen una turba enfurecida, y luego parpadeo y me doy cuenta de que son seis o siete hombres (quizás ocho, o diez). Están sentados alrededor de un banco y sobre él, algunos de pie, y hasta hay uno que hace equilibrios imposibles sobre una papelera, como un funambulista borracho. El móvil de uno de ellos llena el aire fresco de la noche de una música machacona. Hay botellas por el suelo, bolsas de pipas, alguna chaqueta colgada. Uno se ha quitado la camiseta. 

Me han visto. 

Empieza a sonar música de película de miedo. Algunos vuelven la cara hacia mí, y gritan cosas. No les entiendo. No se mueven de donde están, gracias al cielo, pero gritan cosas. Oigo: "guapa", "dame tu teléfono", "vente para acá" y, lo más ridículo de todo, una frase demasiado compleja y muy mal construida sobre que a uno de ellos le duelen los testículos y necesita un reconocimiento médico. 
Me estoy empezando a cabrear. Levanto la barbilla y aprieto el paso. No les miro, pero no bajo los ojos. Que no huelan el miedo. Siguen gritando, pero no se mueven. Gracias al cielo. Me alejo, y los gritos se van apagando. Se ríen. Llevo las llaves en la mano, apretadas. Cuando llegue a casa veré las marcas de los dientes de la llave en la palma de mi mano. Abro el portal casi de una patada, como un placaje, con el corazón a cien y sabor a hojalata en la boca. Malditos cabrones. Tengo un cabreo de mil demonios. 

Cierro la puerta de casa y echo la llave. Suelto el bolso, me quito (por fin) el uniforme y me tumbo en la cama. Esta noche he tenido suerte, porque no se han movido y sólo querían gritar. Otras como yo no han tenido tanta suerte. Pienso en ellas. Aún oigo a los hombres reír y gritar, me llegan sus rugidos flotando por la ventana. 

Pienso en ellas. Ojalá hubieran tenido, como yo, tanta suerte. 

HERMANA, YO SÍ TE CREO. 



martes, 17 de abril de 2018

Vida en monodosis

Las ventas de pañales para bebé bajan, bajan y bajan en picado.
Ya nadie compra pan de molde en formato "familiar".
Nadie quiere el "dos por uno, ahorre y llévese producto para toda la familia".
No queremos monovolúmenes, con sitio para las sillitas de los niños, no queremos sofás de cuatro plazas ni grandes mesas de comedor.
No queremos tres sombrillas de playa, diez sillas, las toallas para todos los chavales, las neveras hasta arriba de sandía, latas de fanta llenas de arena y una montaña de bocadillos desiguales.
No queremos excursiones con los primos, ni "habrá que coger los otros coches, porque si no, no cabemos todos".
No queremos ofertas de la vuelta al cole, treinta lápices de colores por el precio de veinte, cinco cuadernos con cuadritos grandes y cinco cuadernos con cuadritos pequeños por un precio increíble, no queremos dos mochilas con ruedas por el precio de una.
No queremos a la abuela teniendo que traer taburetes del sótano para que quepamos todos, ni la mesa de los niños en Nochebuena llena a reventar, no queremos el "juntaos un poco más, que los de los lados no salís en la foto".
Ya no queremos cafeteras italianas de ocho tazas de café ni grandes ollas para hacer guisos.

Ahora, queremos incansables el silencio.

Queremos auriculares para ir siempre aislados, sí, más aislados todavía. Ni cuando andamos por la calle solos y rodeados de gente sola queremos ni rozarnos.
Coches de dos plazas y el bolso en el asiento del copiloto.
Prepara una muda y una camiseta limpia y listo, ya está hecha la maleta en dos minutos.
Mesa para uno al fondo del restaurante, sí, en la mesa de detrás de la columna, para que nadie nos vea. Media ración de esto y otra media de aquello, que yo con eso voy bien, el menú es demasiada comida para uno solo.
Paquetitos de azúcar con sólo un terrón.
Tortilla de patatas envasada para uno. Bricks de zumo de naranja para llevar, listo para tomar, contiene una ración. Pack divisible. Cápsula de café directa a la taza, en un momento, sin problema, sin perder tiempo.
Sólo un cepillo de dientes en el lavabo. Sólo un peine. Sólo una toalla colgada de la puerta. Una ducha pequeñita, para qué quieres más. Cama de noventa, una almohada, una manta, un armario todo para tí, no tienes que compartirlo con nadie.
Tómate un sándwich y una coca - cola en cualquier sitio y entretente, que más da si llegas tarde a casa, si nadie te espera.
La cama fría, la casa a oscuras. La paz medio vacía. La incómoda comodidad.

Y cuando, más tarde o más temprano, te llegue la hora y se apaguen tus coronarias, te quedarás tirado en la cama, cada vez más frío, cada vez más rígido, y tu móvil puede que vibre con la llamada preocupada de algún amigo, o algún mensaje, pero nadie se preocupará hasta que pasen días porque "igual, si vive solo, estará liado con algo".

Y te irás como viviste: solo.





domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Por qué?

He encontrado la respuesta. 

Por fin, he averiguado por qué lo hacemos. Por qué sacrificamos los años de bachiller, seis de carrera y 4 o 5 más de especialidad, y a veces toda la vida, por esta amante / novia / mujer / suegra / demonio llamada medicina. 

Algunos se dicen que lo hacen por curiosidad, porque les gusta aprender, porque es estiloso. Otros dicen que no saben por qué lo hacen, y otros, que lo hacen obligados. Luego están los que no se sacrifican en absoluto, pero esos poco me importan.

Además de descubrir la respuesta a por qué lo hacemos, a por qué dejamos de ir a tantas fiestas, quedadas, viajes, por qué dejamos de lado a veces los hobbys, las parejas o lo que "se supone que deberíamos estar haciendo por ser jóvenes"; he descubierto que un estudiante de quinto puede ser algo más que un estorbo; he descubierto que puede ser (sin dejar de ser el escalón más bajo de la cadena evolutiva que une el estudiante de primero con el jefe de servicio del hospital) uno de los que más tiempo pasa con el paciente, el que llega a la habitación cargado de preguntas y sale cargado de respuestas (y aún más preguntas que cuando entró). El estudiante puede ser el que, aún teniendo poca idea de lo que esta haciendo, dé al paciente la sensación de estar bien cuidado y de tener todo un equipo de profesionales tras él; ese equipo que siempre está ahí trabajando sin parar, pero se olvida muchas veces de ir a decirle al paciente en qué anda liado. El estudiante quizás no pueda dar un diagnóstico, pero puede llevar y traer respuestas, y sobre todo, que no se olvide, lo reconfortante que es para un paciente ser reexaminado todos los días durante media hora, aunque sólo sea para anotar en su historia: paciente estable, nada que señalar.

De verdad, he descubierto por qué lo hacemos. Damos la vida por esta carrera, no por el dinero, la fama ni la sensualidad de la bata blanca; trabajamos tantos años para ese momento, esa primera vez en la que, ya habiendo terminado de examinar a "tu" paciente (qué bien suena), despidiéndote de él y dándole la mano, diciéndole que estamos ahí si necesita algo y agradeciéndole su amabilidad, el paciente te mire, te sonría y te conteste:

"Gracias a tí"

domingo, 17 de febrero de 2013

La terrorífica certidumbre de la imperfección propia, 
alimentando vanidades desde que el hombre es consciente de su propia caducidad. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Seguiremos madurando con cada sorbo y seguiremos muriendo, decrépitos, inmersos en nuestra inmadurez, qué importa.

"[...] la mujer junto a la cual he aprendido el significado de vivir, de temer, de sufrir, de sentir placer, de conocer la felicidad y la miseria."

Nihil plus ultra. 

www.liberatetutemetexinferis.wordpress.com

lunes, 9 de julio de 2012

Damien Hirst

Hoy vengo a hablaros de un señor bastante feo que ha conseguido tambalear los cimientos de mi concepción del arte: Damien Hirst. Es un artista británico, nacido en 1965, conocido en general por ser el artista vivo con la obra mejor pagada (Por el Amor de Dios, 50 millones de libras [ver abajo]). Según he podido leer por wikipedia (fidedignas fuentes las mías, lo sé), tuvo una infancia y juventud algo difícil, con una madre algo intransigente, aunque parece que siempre encontró su refugio en el dibujo. Durante los años 90 pasó por una etapa bastante complicada, haciéndose famoso por actos públicos algo escandalosos. Algunas de sus obras más célebres (os dejo unas cuantas abajo) son, cuanto menos, controvertidas: diversos animales muertos metidos en formol, como una vaca, un becerro o un tiburón, una calavera humana incrustada de diamantes o un armario lleno de medicinas. También es famoso por sus pinturas girantes o sus pinturas de puntos. Bien. Supongo que a partir de este momento habréis visto que este señor es pelín polémico, ¿no?. Hace arte, sí, pero arte moderno, o lo que hoy en día se entiende como arte moderno. 

Hemos entrado en terreno farragoso, como podéis ver. El concepto de arte moderno es, pienso, un concepto muy sectario y muy poco popular; quiero decir, que varía mucho en cada persona y que es apreciado casi únicamente en los círculos que viven de ellos. Nunca he tenido muy claro lo que es el arte, la verdad, así que he ido a dos fuentes: 

Real Academia Española de la Lengua: 


arte.

(Del lat. ars, artis, y este calco del gr. τέχνη).

1. amb. Virtud, disposición y habilidad para hacer algo.

2. amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

3. amb. Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo.

4. amb. Maña, astucia.

5. amb. Disposición personal de alguien. Buen, mal arte

6. amb. Instrumento que sirve para pescar. U. m. en pl.

7. amb. rur. Man. noria (‖ máquina para subir agua).

8. amb. desus. Libro que contiene los preceptos de la gramática latina.

9. amb. pl. Lógica, física y metafísica. Curso de artes

~ abstracto.

1. m. Modalidad artística que transcribe lo expresado acentuando los aspectos formales, estructurales o cromáticos, sin atender a la imitación material.



Diccionario María Moliner: 

arte (del lat. "ars, artis")
1 amb. Manera como se hace o debe hacerse una cosa: "El arte de nadar ". Cualquier actividad humana encaminada a un resultado útil, que tiene un carácter más práctico que teórico: "La cirugía tiene tanto de arte como de ciencia. El arte de la carpintería".
2 Por oposición a "naturaleza", intervención del hombre en la realización de un efecto grato: "Un parque en que colaboran la naturaleza y el arte".
3 ("Cultivar, Dedicarse a") Por antonomasia, actividad humana dedicada a la creación de cosas bellas: "El arte y la ciencia son actividades igualmente nobles". Cada una de las ramas en que esa actividad se clasifica. Corrientemente, cuando se nombran en general en plural, se considera excluida la literatura: "El florecimiento de la literatura y de las artes en este periodo". A veces, en lenguaje corriente, se llama "arte", sin más especificación, al de los actores, actrices, cantantes o bailarines: "Quiere dedicarse al arte".
4 *Clase o *modo de ser de las cosas o personas: "Unas hojas de tal arte que aprisionan a los insectos que se posan en ellas".
5 Conducta hábil para conseguir algo. En plural tiene generalmente sentido peyorativo, equivaliendo a "astucia" o "malas artes": "Puso en juego todo su arte para conquistarle. Con sus artes ha conseguido apartarle de su familia". Habilidad. Cautela, maña, astucia. Artículo.
6 m. Cualidad del que sabe hacer bien cierta cosa: "Tiene arte para peinarse". *Habilidad.
7 (ant.) Libro que contenía los preceptos de la gramática latina.
8 f. pl. Antiguamente, conjunto de la *lógica, *física y *metafísica.
9 m. Arte de pesca.
10 (Man.) *Noria.

Después de mucho pensar, sigo sin saber muy bien qué es el arte y qué lo diferencia exactamente del arte moderno. Lo que sé es que, claramente, este señor de gafas de pasta no puede compararse a las tres gracias de Rubens, las Meninas, el David de Miguel Ángel, Pandora abriendo la caja, el nacimiento de Venus, y tantísimas otras obras increíbles que plagan la historia. ¿Es arte una vaca metida en formol, o una calavera incrustada en diamantes? ¿ Es bello, transmite algo, expresa algo? Mi opinión es que no, rotundamente, que se trata de una mera maniobra estética bastante estúpida. Y para muestra, un botón: 


The impossibility of death in the mind of someone living 





Medicine Cabinet 


For the love of God 


 The Golden Calf 


Resurrection 

The Hat Makes the Man 


Mother and child divided 

Bien, bien, bien. Una vez vistas algunas de estas perlas, cabe preguntarse si por amor al arte se pueden hacer este tipo de cosas, cabe cuestionarse si For the love of God no debería llamarse For the love of money. No soy ninguna entendida en arte moderno y no voy a dármelas de ello, con lo que este tipo de disquisiciones están fuera de mi alcance. Sólo mencionaré una cita de Ignacio Vidal-Folch, que escribió un artículo llamado "Vanidad y radiante calavera":  

Lo mejor que le ha pasado ha sido el incendio en el que ardió buena parte de su producción de los años noventa
Este artículo me ha gustado muchísimo, y me ha hecho pensar que la obra de Hirst se puede definir como más efectista (que busca producir impresión) que efectiva (real y verdadera), que le da quizás más importancia al continente que al contenido. Vacía, en una palabra. O llena de afán de lucro vano, si lo preferís.


¡Bueno! Una vez destripado este señor, si recordáis, al principio de esta entrada dije que había hecho tambalearse los cimientos de mi concepción del arte. ¿Por qué? Porque nunca pensé que un "artista" (sí, ya lo pongo entrecomillado) de este tipo, con estas obras, podía sorprenderme y gustarme tanto. Es un hombre de luces y sombras, me ha descolocado y confundido; yo me he maravillado siempre con las obras de arte más clásicas, con las imágenes claras, sobre todo con los pintores más realistas o con cuadros más detallados, pero casi siempre con figuras humanas. Las manchas de color nunca me han dicho nada, he necesitado siempre una cara, unas manos o un cuerpo para que la pintura o la escultura me transmitiera algo; también disfruto, claramente, con cuadros que no son en absoluto realistas, como El Jardín de las Delicias, pero en los que al menos las líneas están definidas. Por esto este señor me ha descolocado mucho, porque nunca pensé que cosas como las que vais a ver podrían gustarme tanto. No me refiero, claramente, a los abortos que os he puesto antes, sino a otro grupo de obras suyas. Ejemplos:













FUENTES Y GALERÍAS: 








viernes, 6 de julio de 2012

Desconfianza

La gente en general sabe poco de todo y mucho de un poquito. Y, a veces, ni eso. Vivimos en la época del engaño, de la estafa, del robo bajo cuerda y, si puede ser, sin que te des cuenta. ¿Qué consigue esto? que la gente de a pie se vuelva desconfiada, huraña y precavida en exceso, aunque puede ocurrir al revés; para ser un estafador de calidad en los días que corren sólo hacen falta dos cosas: tratar con personas ignorantes y tener carisma. Además, hay un requisito opcional: que el estafado esté desengañado, decepcionado o necesite un apoyo.

Bien, ¿ a qué viene todo esto ? Viene a un caso que he visto en la tele esta mañana, que me ha parecido bastante terrible y penoso: la noticia es que un presunto chamán ha quedado en libertad tras ser acusado de abusos sexuales a varias mujeres en su consulta. Dejando de lado el absurdo judicial de absolver a un violador en potencia con la justificación de que las víctimas eran adultas y con plena capacidad de decisión, lo que más me ha llamado la atención es la existencia de este presunto chamán. Estoy segura de que hay muchos más casos; quizás sea pura sugestión, pero yo tengo la sensación de que cada vez veo más carteles de curanderos, chamanes y otros mentirosos por la calle. 

¿Qué está ocurriendo en el sistema sanitario para que la gente confíe en estas engañifas, me pregunto? Un médico debe ser un profesional bien formado, amable y cercano, que ponga todo su conocimiento (que no es poco) al servicio del paciente; si la atención sanitaria primaria es de buena calidad, si el paciente se siente atendido y siente que hay preocupación hacia su caso, no requiere a mentiras diversas para buscar una mejora de su salud. Eso me lleva a un razonamiento inevitable. 

El paciente llega a la consulta de atención primaria y se siente una oveja; él ha pedido una cita a la hora XX:XX y se le atiende a la hora XX:XX +2, como si no importara su dolor, sus náuseas o su preocupación (hay que decir que esto no es totalmente culpa del médico, sino más de la absurdamente estipulada duración de 5 minutos por consulta). Los médicos son seres humanos: ¿qué se puede hacer en 5 minutos con un paciente? En las facultades de medicina, desde el principio de la carrera prácticamente, se enseña la entrevista clínica con un paciente como un proceso con diversos pasos que no deben alternarse ni desordenarse y deben sucederse los unos a los otros, sin excepción. Para una entrevista clínica exitosa se necesita aproximadamente media hora, y más de una hora si se incluye la exploración clínica. 

Como este absurdo habla por sí mismo, es necesario también hablar del papel del médico (ojo, no quiero generalizar, pero todos sabemos que los médicos a los que voy a destripar existen. El médico con vocación, entregado y amable es la mayoría y el que más abunda). El médico de este perfil, normalmente mayor o de mediana edad, y normalmente del sexo masculino (no por nada, sino porque los médicos de mediana edad o más son casi todos hombres), estudió medicina por herencia o por prestigio social. Lo importante no es por qué se estudia medicina, sino que entre esas razones no se encuentre la vocación o el deseo de ayudar; si hay alguna profesión en la que se trabaje de cara y en contacto con el público es la medicina. Debo dejar claro que se puede ser un buen médico sin tener vocación o sin deseo de ayudar a las personas, pero para esto es necesario ser humilde y eso sí que es difícil de encontrar. Por eso, como el saber que se adquiere durante la carrera y la percepción de que se puede curar a una persona suelen hacer que el médico se sienta bastante omnipotente, si esa omnipotencia no se canaliza con el altruismo, rebota y termina por impactar en el médico, inflándolo y convirtiéndolo en una caricatura de sí mismo. Toda esta plétora de adjetivos viene sólo a describir a ese tipo de médico que antepone su propio orgullo al bienestar del paciente; esto provoca en el enfermo una sensación de desamparo y soledad que no debería producirse nunca. 

Las consultas de atención primaria son el primer nivel de contacto del enfermo con el sistema sanitario; sin embargo, estúpidamente, el médico de atención primaria tiene poder para un número muy reducido de cosas a nivel inmediato (al paciente le duele, y quiere que deje de dolerle ya); su trabajo se divide, principalmente, entre el tratamiento farmacológico (sintomático, casi siempre), la petición de pruebas diagnósticas y la derivación a especialistas. 

Y aquí entramos en la boca del lobo. Los especialistas. Otro día hablaré del absurdo nivel de especialización  que está alcanzando la medicina (Doctor, me duele un huevo - ¿Cuál de ellos, el izquierdo o el derecho? - No me diga que está especializado en uno de los dos... ); sin embargo, lo que más me interesa hoy es principalmente el tema administrativo: las listas de espera interminables. ¿Qué imagen da un sistema sanitario que no puede atender a un paciente en un plazo menor a tres meses? Supone una pérdida de tiempo enorme, porque muchos pacientes ven solucionado su proceso patológico antes de que les llegue la cita o directamente no van. 

Bien, con todo y con esto, ¿ a dónde quiero llegar ? El paciente puede encontrarse en la peor de las situaciones: un médico orgulloso y desconsiderado, múltiples consultas de atención primaria totalmente infructuosas (ya sea por el desinterés del médico, por la falta de tiempo, o por cualquier razón) y una cita para un especialista en el año 2098. Esto puede llevar a varios sitios, considerando la enfermedad del paciente: a que éste continúe y continúe insistiendo, usando una ingente cantidad de recursos sanitarios y agotándose; a que se canse de insistir y su enfermedad se cronifique sencillamente por desatención; o a que recurra a otros medios. 

En las facultades de medicina se enseña someramente acerca de este tema; en segundo hay una asignatura muy bonita, la historia de la medicina, que lleva uno o dos temas acerca de medicinas alternativas. Dentro de estas medicinas alternativas, que tienen una base fisiológica más o menos válida, y procesos terapéuticos que, hasta cierto punto, son efectivos (a veces no por actuar sobre el sustrato de la enfermedad sino por efecto placebo), entran la quiropráctica, la osteopatía y la homeopatía, entre otras. Estas tres, en particular, son pseudociencias que se basan en la manipulación de las vértebras, los huesos y tejidos blandos, las dos primeras, o en la administración de fracciones extremadamente pequeñas de sustancias con el objetivo de curar con ellas, la tercera. No quiero hablar de estas pseudo-ciencias, que al fin y al cabo están consideradas una parte subordinada de la medicina y tienen su fundamento hasta cierto punto. 

De esos "otros medios", los que me interesan son los chamanes, los sanadores, curanderos y otras engañifas.    Según he podido leer por internet, tratando de superar mi consternación por la cantidad de absurdos, los chamanes son hombres introducidos en el chamanismo por un acontecimiento importante en su vida (como un sueño o una tormenta... en fin) que se dedican a muchas cosas, desde encontrar su energía psíquica, adquirir poderes o sanar. En el artículo que cito abajo, se dice que el instrumento de estos chamanes son las "plantas sagradas y productoras de visiones", a.k.a. drogas alucinógenas, así como cantos,  bailes y ritos. Todo muy científico, vaya. Los sanadores o curanderos se basan en el poder de la fe como potencia sanadora, basándose en que la enfermedad se basa únicamente en desequilibrios de nuestro campo electromagnético vital (¿cáncer cerebral? no, magnetismo jodido). En general, se basan en conceptos tan científicos y creíbles como el chakra, mundos paralelos, energía sexual, energía mística, meditación...

Como las bases teóricas de estas corrientes se retratan a sí mismas, no es necesaria más crítica. Lo que me pregunto es: ¿qué está haciendo mal la sanidad pública para que los pacientes confíen en estas personas? Hay que plantearse que es una conjunción de mala atención sanitaria, como ya he descrito antes, e ignorancia. Pero, ¿hasta qué nivel puede llegar la ignorancia de una persona capaz de creer ciertas este tipo de prácticas? Puedo estar pecando de excesivamente cuadriculada; me enorgullezco de ello. Comprendo la fe y las creencias religiosas en general, lo que no puedo comprender es que alguien ponga su salud en manos de alguien que dice controlar la energía mística del cosmos y necesitar la energía sexual de su paciente para sanar su cáncer cerebral. Me pregunto cómo de desesperado tiene que estar un paciente, cómo de desatendido se tiene que sentir (además de ser un ignorante) para poner en las manos de un estafador así algo tan importante y propio como su salud y su propio cuerpo. 




FUENTES: 

miércoles, 18 de abril de 2012

Los 5 arrepentimientos de los moribundos

Este es un artículo escrito por la australiana Bronnie Ware que quería compartir con vosotros.
"Durante muchos años trabajé en los cuidados paliativos. Mis pacientes eran los que habían ido a casa a morir.
Algunos momentos increíblemente especiales fueron compartidos. Yo estaba con ellos las últimas tres o doce semanas de sus vidas.
La gente crece mucho cuando se enfrentan a su propia mortalidad, y he aprendido a no subestimar la capacidad de alguien para crecer.
Algunos cambios fueron fenomenales. Con cada experiencia, una variedad de emociones esperadas, como la negación, el miedo, la ira, el remordimiento, más negación y con el tiempo, la aceptación.
Pero cada paciente encontró su paz antes de partir, cada uno de ellos.
Cuando les preguntaba acerca de cualquier arrepentimiento que tenían o cualquier cosa que hubieran querido hacer diferente, surgieron unos temas comunes una y otra vez. Estos son los cinco más comunes:
1. Hubiese deseado haber tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, y no la vida que otros esperaban para mí.
Este era el lamento más común de todos. Cuando la gente piensa que su vida está a punto de terminar y miran hacia atrás con claridad, es fácil ver cómo muchos sueños se han ido sin ser cumplidos. Muchas personas no habían cumplido ni la mitad de sus sueños y tenía que morir sabiendo que era debido a las elecciones que habían hecho, o las que no habían hecho.
Es muy importante tratar de cumplir al menos algunos de tus sueños a lo largo del camino. Desde el momento en que pierdes tu salud, es muy tarde. La salud da una libertad que muy pocos reconocen, hasta que ya no la tienen.
2. Desearía no haber trabajado tan duro.
Esto vino de cada paciente de sexo masculino que cuidé. Ellos se perdieron la niñez de sus hijos y la compañía de sus parejas. Las mujeres también hablaron de este arrepentimiento. Pero la mayoría fueron de una generación anterior, muchos de los pacientes de sexo femenino no habían sido el sostén de la familia. Todos los hombres a los que cuidé lamentaron profundamente haber pasado gran parte de sus vidas en el trabajo.
Simplificando tu estilo de vida y tomando decisiones más conscientes a lo largo del camino, es posible que no necesites los ingresos que crees que necesitas. Y al crear más espacio en tu vida, serás más feliz y más abierto a nuevas oportunidades, unas que se adaptarán mejor a tu nuevo estilo de vida.
3. Desearía haber tenido el coraje de expresar mis sentimientos.
Muchas personas suprimieron sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a convertirse en lo que realmente eran capaces de ser. Muchas enfermedades se desarrollan como resultado de la amargura y el resentimiento que llevan dentro.
No podemos controlar las reacciones de los demás. Sin embargo, aunque las personas puedan inicialmente reaccionar cuando cambias y hablas con sinceridad, al final la relación llegará a un nuevo y más saludable nivel. Eso o te ayudará a reconocer una relación enfermiza en tu vida. De cualquier manera, tú ganas.
4. Desearía haber estado más con mis amigos.
A menudo no se dan cuenta realmente de lo beneficioso que son los viejos amigos hasta sus últimas semanas de vida, y no siempre fue posible localizarlos. Muchos de ellos habían llegado a estar tan atrapados en sus propias vidas que habían descuidado amistades de oro en los últimos años. Había mucho arrepentimiento por no haberle dado a la amistad el tiempo y esfuerzo que se merecían. Todos echan de menos a sus amigos cuando están muriendo.
Es común para los que tienen un estilo de vida muy ocupado descuidar a las amistades. Pero cuando te enfrentas con tu inminente muerte, los detalles físicos de la vida desaparecen. La gente quiere tener sus asuntos financieros en orden, si es posible. Pero no es el dinero o el estatus lo verdaderamente importante para ellos. Ellos quieren hacer cosas que le sean más beneficiosas a sus seres queridos. Por lo general, sin embargo, están demasiado enfermos y cansados como para manejar esa tarea. Entonces, al final, todo se reduce al amor y a las relaciones. Eso es todo lo que queda en las últimas semanas: el amor y las relaciones.
5. Desearía haberme dejado ser más feliz.
Esta es sorprendentemente común. Muchos no se dieron cuenta hasta el final que la felicidad es una elección. Se habían quedado atascados en viejos patrones y hábitos. El llamado “confort” de las cosas familiares fluyo dentro de sus emociones, así como en su vida física. El miedo al cambio los tenía engañando a los demás y a sí mismos, fingiendo que estaban contentos. Cuando en lo profundo, deseaban que las risas y las tonterías volvieran a sus vidas de nuevo.
Cuando estás en tu lecho de muerte, lo que los demás piensen de ti está muy lejos de tu mente. ¡Qué maravilloso sería que no te importe eso y sonreír nuevamente, mucho antes de que te estés muriendo!
La vida es una elección. Es TU vida. Elige conscientemente, elige sabiamente, elige honestamente. Elige la felicidad."

martes, 10 de abril de 2012

La violación: ¿fuera del código penal?

Os dejo un texto que ha salido publicado en la revista Alfa y Omega, propiedad del ilustrísimo señor Rouco Varela. Leed y juzgad por vosotros mismos.
FUENTE: http://www.alfayomega.es/Revista/2009/643/05_contrapunto.php


La violación, ¿fuera del Código Penal?

Nada más lejos de mi intención que frivolizar con la violación. Pido disculpas a quien así lo ha entendido. La cuestión es: reducido el sexo a simple entretenimiento, ¿qué sentido tiene mantener la violación en el Código Penal? ¿No debería equipararse a otras formas de agresión, como si, por ejemplo, obligáramos a alguien adivertirse durante algunos minutos? ¿Por qué tanta disparidad en las condenas?
No es demagogia. Hay movimientos recientes en esa dirección. En marzo, en una decisión sin precedentes, el Consejo de Ministros concedió el indulto parcial a un violador, cuya condena a 12 años, ratificada por el Tribunal Supremo, se redujo a cinco años. El condenado es un joven homosexual, bien relacionado con círculos progubernamentales de la industria del espectáculo, que asaltó a otro joven en los lavabos de una discoteca. Sus tres cómplices fueron favorecidos por la Secretaría de Prisiones, de la Generalidad de Cataluña, en otra decisión sin precedentes: obtuvieron el tercer grado, y pudieron abandonar la cárcel tras sólo 8 meses de condena.
Cuando se banaliza el sexo, se disocia de la procreación y se desvincula del matrimonio, deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal. Ése es el ambiente cultural en el que vivimos, y, sin embargo, la inmensa mayoría de españoles consideraría una aberración que se sacara la violación del Código Penal, aunque, a sólo cien metros, uno tuviera una farmacia donde comprar, sin receta, la pastillita que convierte las relaciones sexuales en simples actos para el gozo y el disfrute. Esa hipotética indignación es un motivo de esperanza, porque demuestra que la deshumanización de la sexualidad, que promueve el Gobierno, todavía no ha llegado a un punto de no retorno.
Ricardo Benjumea